La última protesta |
Alrededor de 2.000 personas secundan la iniciativa de entrar tarde para exigir la marcha de Piterman, que no estuvo en el campo | El partido derivó en pitos y críticas hacia los jugadores
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IÑIGO MIÑÓN
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CANAL MENDIZORROZA. Mendizorroza vivió durante los primeros instantes un significativo panorama. / IGOR AIZPURU
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El Deportivo Alavés salta al terreno de juego. Es el último partido de Liga, el día de la despedida, el adiós a una temporada desastrosa, casi cruel por momentos con el seguidor albiazul. La grada, una vez más, desangelada. Más de lo habitual. El club ya no se juega nada y no ha regalado entradas. No más de 1.500 personas reciben al equipo. Tibios aplausos. Y así arranca un partido en el que sólo los gritos de la hinchada rival -¿qué mérito el suyo!- impiden oír las voces de los jugadores sobre el césped. Fue la forma elegida por las peñas alavesistas para llevar a cabo su enésima protesta. La que confían que sea la última.
Alrededor de 2.000 personas secundaron la iniciativa de ocupar su localidad en el minuto 15 de partido para mostrar su desacuerdo con la gestión de Dmitry Piterman. Por si acaso el ucraniano, duro de mollera, no tenía claro aún que no es bienvenido en Vitoria. Ayer ni se presentó en Mendizorroza. Tampoco lo hicieron sus adláteres Chuchi Cos y Pepe Nereo. Sólo Ainara Knörr representó al Alavés en el palco, por donde también se dejó caer Fernando Ortiz de Zárate, una de las cabezas visibles del grupo inversor que comprará el paquete accionarial del ucraniano.
Hasta ese minuto 15, sólo el grupo de aficionados bercianos, alrededor de 200, se dejó notar en Mendizorroza. Con un guiño a la hinchada local en forma de un cántico habitual en el Paseo de Cervantes: 'Dmitry, escoria, fuera de Vitoria'. Muchos seguidores locales esperaban su momento en los vomitorios, en los bajos de las gradas, sentados en las hamacas de la tribuna anexa a la piscina, apurando un cigarro, siguiendo a su equipo por la radio. Todo para dejar claro que Piterman debe marcharse.
Y lo hicieron con una movilización civilizada, con la garganta como única arma. Fue segundos antes de cumplirse el cuarto de hora cuando las gradas, sobre todo en los fondos, empezaron a adquirir colorido y decibelios hasta llegar a los 3.876 espectadores. Al grito de 'Ahora más que nunca, Dmitry muérete', Mendizorroza volvió a dictar sentencia.
Cánticos hacia Arthuro
Fue lo más llamativo de un partido soso en lo deportivo. Ánimos al Alavés y muchos cánticos en contra del ucraniano dieron forma a un primer tiempo tedioso. Desde la megafonía se solicitaba no invadir el terreno de juego. Por si las multas. Desde la confianza en un inminente traspaso de poderes, la afición sólo bromeó cantando que iban «a saltar». No pasó de ahí. Su batalla está ganada.
No así el partido. Aunque sin nada en litigio, a nadie le gusta perder. Y una afición maltratada durante toda la temporada se merecía algo más en la despedida. Los cánticos, sin olvidar a Piterman, se volvieron contra los jugadores, que escucharon de nuevo eso de 'mercenarios' y 'esa camiseta no os la merecéis'. Hasta se pidió el tercero de la 'Ponfe'. Sin sentimentalismos. La peor parte se la llevó Arthuro, pitado durante todo el partido y despedido al grito de 'Qué malo eres'. Fue el punto final del calvario.
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