Como hace una década |
Con una plantilla hecha para el ascenso, el Alavés pasó en la temporada 1996-97 por una angustia clasificatoria parecida a la actual
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J. A. MARTÍNEZ VIGURI
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CANAL MENDIZORROZA. Aranguren busca cabizbajo el vestuario tras una derrota en casa en la campaña 1996-97. / E. ARGOTE
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El Alavés reincide al cabo de diez años. Salvadas las distancias, que en este caso llevan por nombre el de Dmitry Piterman, la casa albiazul aguanta hoy unos apuros clasificatorios en Segunda parecidos a los que también le angustiaron hace una década, en la Liga 1996-97, la segunda tras subir en Jaén.
Aquel ejercicio anduvo siempre a trancas y barrancas, con un ojo, o los dos cuando la cosa se le puso fea, atento a las posiciones de descenso, cuatro para veinte contendientes. Se le encendió la alarma en la jornada 23 -a quince del final- al situarse a sólo tres puntos de Segunda B. Hoy, en la semana 31 del campeonato -restan once para el cierre-, suma uno más de renta sobre el cuarteto de cola. Le queda margen, pero el sudor frío ya recorre su cuerpo.
Con todo lo mal que le fue entonces, aquel Alavés lo pasó fatal a dos jornadas para la resolución de la Liga, cuando de nuevo se asomó al descenso, que le quedaba a cuatro puntos. Así que acudió al Miniestadi azulgrana a ganar y certificó la agónica permanencia ante el Barcelona B, al que, por cierto, mandó a Segunda B. A la jornada siguiente, el equipo se despidió de un año de calvario en Vitoria como invitado del retorno del Salamanca a Primera.
Meta y cambio técnico
Las similitudes entre el Alavés de hace diez años y éste van más allá de las puramente clasificatorias, que ya de por sí son significativas e invitan a la reflexión. Hay un patrón que se repite con el paso del tiempo. Entonces, Txutxi Aranguren también tuvo carta blanca para confeccionar un plantel con aspiraciones de ascenso. Fue el año horrible de los Mestrovic, Ozegovic, Alicarte, Marcelo, fichajes que se sumaron a hombres como Villanova, Cudi, Pedro Alberto, Pedro, Riesco, Karmona, Bastida o a jóvenes como Serrano, Azkoitia, Codina y Sívori.
No sólo fracasaron en el intento, sino que por poco con ellos pierde la categoría el Alavés. El desatino se cobró la figura de Aranguren, quien tras tocar fondo fue relevado por Marco Antonio Boronat en la vigésimo tercera jornada. El guipuzcoano dirigió la nave como pudo, echando mano de la destreza, hasta junio.
El Alavés de hoy también partió en verano con la Primera División como meta, apoyado en una plantilla sobrada para cumplir con el desafío, aunque ahora se condena a apelar a su ego, hasta ahora cuestionado, para sacar a la nave a flote en medio de la tempestad diaria.
Hay una diferencia sintomática respecto a 1997. Aquel Alavés luchó contra los adversarios y ganó. Éste lo hace contra los elementos y contra sí mismo, puesto que el principal enemigo lo tiene en casa. Queda pendiente su triunfo.
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