El Alavés restablece el orden |
Aprovecha una concesión para tomar ventaja, trabaja bien el partido ante un adversario sin pegada y gana al fin fuera en un cierre de primera vuelta que devuelve la fe en el equipo
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CANAL ATHLETIC. Los jugadores del Alavés celebran el segundo gol del partido. /El Correo
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Restableció el Alavés el orden en Ponferrada en uno de esos partidos donde la jerarquía futbolística cierra el paso a la ilusión. Después de tantas costaladas a domicilio pagadas con una hemorragia interna de puntos, imperó esta vez la lógica de un equipo albiazul solvente y acertado para aprovechar la primera concesión en forma de penalti y vivir más tarde, no sin algunos sobresaltos, de las urgencias de un adversario con un fútbol tan aseado como falto de pegada. Segundo triunfo consecutivo en la Liga para cerrar la herida de los desplazamientos, apuntarse al sobrecargado vagón de aspirantes al ascenso y guiñar el ojo a una segunda vuelta que hasta el relevo técnico sugería muecas de terror.
Por una vez el Alavés fue el más listo de la clase. A mitad de curso ha llegado Wellington Paulista, pero su dominio de la materia es incuestionable. En un equipo excesivamente acomodado, el brasileño destaca por su vivacidad. Si en el Campo Nou hizo un gol de calidad y petrificó después a Márquez en el sueño inacabado del 2-3, ayer retrató a Robles. De la nada -un pase suicida entre defensas- surgió el carioca para forzar el claro penalti y una expulsión que el árbitro prefirió obviar. Demasiado, en cualquier caso, para un Ponferradina animoso y hasta dulce en la elaboración que se amargaba siempre en el área.
Sea o no por la llegada de Fabri al banquillo alavesista -es mejor atribuir a Piterman los méritos cuando el equipo empieza a funcionar-, el Alavés repitió once inicial en una de esas decisiones de sentido común que descuadran la habitual montaña rusa de titularidades y suplencias. Consolidado Elton en el doble pivote y también Rubén Navarro -aún lejos de su mejor forma- en la mediapunta, esa posición que hasta ahora parecía repartirse en la tómbola semanal de Ibaia. Y el equipo albiazul agradeció la continuidad. Todavía ayer con bastantes problemas para mantener la posesión de la pelota y salir de forma fluida, pero con mucho trabajo y ramalazos de inspiración, como los protagonizados en la segunda parte por un notable De Lucas.
De Lucas-Wellington
Un soberbio pase interior del catalán para Wellington desembocó en la sentencia del partido. Hubo fortuna con el centro del brasileño, que Bornes introdujo en su propia portería, pero también premio a la insistencia del delantero, que se hartó a tirar desmarques en profundidad y exigir al límite a los defensas rivales. Al fin y al cabo y dentro de una sensación general de que el Alavés transmitía peligro y el adversario bastante menos pese a su insistencia a balón parado, el partido se solucionó en dos errores forzados al rival. Una vía que el cuadro albiazul, hasta ahora más preocupado por hilvanar contraataques de libro que por hurgar en las miserias del rival, apenas había explotado.
Algunos problemas
Y si el cuarto de hora final se desarrolló con cierta tranquilidad ante una Ponferradina extenuada, antes sí existieron ciertos desequilibrios por parte albiazul. Con un oponente en desventaja desde el inicio y su defensa prácticamente en el centro del campo, al cuadro vitoriano le faltó serenidad para encontrar los espacios. Sufrió también en ocasiones, sobre todo en los instantes posteriores al 0-1, por ese mismo motivo. Ceder metros y presencia en el área ante un once local que movía la pelota con soltura e intención por parte de los mediapuntas Fran, Rubén Vega y Raponi. Pero entre Mateo, Casar -ayer excelente- y un Porato acertado en pocas pero decisivas intervenciones se fueron las opciones del Ponferradina. También en las botas del delantero Risso, despedido tras su cambio con un sonoro abucheo.
El Alavés, en definitiva, supo trabajar colectivamente su ventaja, no derrochar esta vez las concesiones del contrario y cerrar el partido en un tramo final donde Jandro aportó cierta pausa al juego y el equipo albiazul supo imponer un ritmo adecuado a sus intereses. No fue una victoria espectacular -tres puntos en Ponferrada son obligados además para un aspirante al ascenso-, aunque sí otro paso en la esperada recuperación. Tras una pésima primera vuelta, el equipo transmite ahora fe y optimismo.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com
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