El Alavés sigue arrastrándose |
Encaja tres tantos en veinte minutos y tras una tímida reacción recibe otra goleada
|
|
F. RUIZ DE ESQUIDE
|
|
|
|
|
|
 |
CANAL MENDIZORROZA. El Alavés, en la imagen Pablo Casar, repitió fallos en su zaga y encajó una nueva goleada a domicilio. / BLANCA CASTILLO
|
El Alavés ha convertido la humillación en un hábito y, empeñado en continuar arrastrándose por la categoría, regala puntos y partidos a base de una manifiesta incapacidad para mostrarse como algo parecido a un equipo. Es la escuadra albiazul un conglomerado de jugadores desorientados que saltanal campo con la sana intención de disputar un partido y la enfermedad congénita de no tener claro concepto futbolístico alguno, ni los más básicos.
Mientras Cos permanece en el discurso de la racha positiva que vendrá, la corriente de la competitividad se lleva por delante a un conjunto vitoriano que provoca rabia y lástima a partes iguales. Ayer, ni tomar ventaja le sirvió. Tres goles en veinte minutos nefastos y dos más en el tramo final, después de una tímida reacción, marcaron otra goleada. Tras el 'set' de Las Palmas, llegó una 'manita' en Almería. Para seguir temblando y parapetarse en las trincheras de la supervivencia.
Porque la amenaza del descenso roza ya el cuello del Alavés. Si los resultados son adversos, el conjunto albiazul podría acabar en la zona roja esta noche. Lo malo es que ni siquiera los posibles fichajes sirven de esperanza. Este equipo se descompone y mientras Piterman y Cos 'dirijan' el futuro se presenta negro-negro.
Al convite asistió esta vez el Polideportivo Ejido, un adversario eficiente que hubo de aplicarse lo justo. Fue más la escuadra almeriense en todos los aspectos. Colocación, intensidad, manejo del balón y remate. En esas condiciones, ni el gol inicial de Ogbeche alteró el guión. Sólo existió el Alavés después del 3-2. Veinte minutos de esperanza y demasiadas jornadas de pura desesperación colectiva, de desperdiciar opción tras opción.
Entra Jandro
El partido había nacido con la obligada reconstrucción albiazul por la notable ausencia de Gaspar, uno de los jugadores más entonados en las últimas jornadas. Edu Alonso regresó así al lateral derecho y los técnicos recurrieron a Jandro en el interior diestro. En el once Arthuro mantenía su plaza como compañero de Ogbeche en ataque. Y el Alavés, como es ya tradición, saltó al césped de Santo Domingo a la expectativa, con esa especie de remoloneo colectivo que degenera en fragilidad al menor contratiempo.
Claro que el 'Poli' Ejido no es un equipo al uso en Segunda. Se siente cómodo con el balón en los pies, lo mueve con velocidad y sentido. Y entre sustos, con más acercamientos que remate local, eso sí, transcurrió el tramo inicial. También entre chispazos albiazules al contragolpe, apagados casi siempre entre la ingenuidad y el individualismo de Ogbeche. Juega contra el mundo el nigeriano y ayer tomó un país con el gol para perder después varios continentes.
La mantequilla defensiva albiazul se encargó después de nutrir al necesitado rival. Llegaba al duelo de ayer después de tres jornadas sin marcar e hizo tres goles en veinte minutos. El Alavés, en realidad, se ha acostumbrado en sus desplazamientos a convertir su área en una zona de recreo. Por ella se pasea cualquiera, no se reserva el derecho de admisión de la contudencia. Más bien esa condescendencia que nace de un sistema defensivo que se deshilacha por las bandas y ya ni siquiera Astudillo y Lacen son capaces de enhebrar. Es un agujero permanente ante cualquier adversario que sepa del oficio. Basta esperar a que el Alavés se descuadre para entrar sin problemas hasta las mismas narices de Porato.
Y en esta tesitura, el cuadro albiazul va repartiendo internacionalidades entre los rivales. Si en Las Palmas fue Márquez quien se frotaba los ojos después de anotar tres goles, ayer le correspondió el turno a Moreno. No se ha visto en otra el interior zurdo del 'Poli'. Tres goles también, el último en un penalti que pareció regalado. Se había rearmado poco antes el Alavés, que amenazó con el 3-2. Sin grandes ocasiones, pero con empuje y determinación tras la entrada de Gabri. Fueron instantes de zozobra local. Pero el 3-3 fue una utopía optimista.
Con 21 puntos después de 17 jornadas y en plena convulsión interna dentro y fuera del vestuario, al Alavés apenas le queda mirar por su supervivencia. Que Cos se siente todavía en el banquillo está bien como sarcasmo, que Piterman insista en su labor de técnico ante la degradación del equipo es sólo la muestra de una malversación deportiva que afecta al futuro de la sociedad anónima.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com
|
|
|