El Alavés logra sobrevivir |
Aprovecha un penalti para tomar ventaja y aguanta el resultado a base de garra en un ambiente de crispación generalizada
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CANAL MENDIZORROZA. Varios aficionados increpan a los integrantes del banquillo albiazul tras destrozar a golpes el recubrimiento de metracrilato. /El Correo
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Era el partido en principio una cuestión de supervivencia deportiva y, ya en medio del huracán que asoló el banquillo albiazul mediada la primera mitad, un desafío a la resistencia mental de los futbolistas. A todo ello se sobrepuso ayer el Alavés, impulsado a la superficie de las victorias por un penalti y después sostenido por brazadas de garra hasta alcanzar la orilla ante un discreto Ciudad de Murcia. Quizás impactado por unas circunstancias inimaginables -una hilera de policías que protegían a pie de césped al técnico local- el conjunto de Oltrá dejó una pobre impresión en Mendizorroza y facilitó la transición hacia los tres puntos más importantes de los últimos tiempos en el Paseo de Cervantes.
El Alavés supo en realidad recoger el mensaje lanzado por Mateo a mitad de semana. El central se encargó de recordar que en situaciones de crisis es obligado volver a los orígenes del fútbol. Aquello de riesgo cero en zonas comprometidas de la defensa, máxima concentración y arrojo en las peleas individuales y, a partir de ahí, aprovechar a partes iguales condiciones ofensivas y errores del adversario. Vamos, analizar la hecatombre de Las Palmas y volverla del revés para atenerse a unas normas que rigen para todos los equipos de Segunda y que, en el caso albiazul, se han vulnerado en demasiadas ocasiones sin que existiese la mínima llamada al orden. Esa casa que tantas veces Cos y Piterman han comenzado a construir por el tejado de la anarquía y se ha derrumbado con graves daños a terceros.
Cuando es tiempo de obligaciones resultadistas caben pocas objecciones y ni la patente escasez de fútbol generalizada puede reprocharse ante la entrega albiazul. Pronto se libró en realidad el Alavés de la pesada mochila del empate inicial. No fue, de forma increíble, en un remate de Ogbeche sobre la misma línea de gol, pero sí instantes después. Un empujón de Ceballos sobre el nigeriano alivió los problemas. Arthuro cruzó la pelota con potencia en el penalti y, en plena crecida del río de crispación que procedía desde las gradas, se atemperaron los ánimos para recordar la trascendencia deportiva del partido.
Astudillo y Gaspar
Un duelo que comenzó con noticias positivas. Tanto Astudillo como Gaspar, con molestias físicos durante la semana, arriesgaron por la causa albiazul. Ambos se vieron luego obligados a retirarse del césped, aunque en una situación como la de ayer, eran más que necesarios dos de los futbolistas más entonados de la plantilla en las últimas jornadas. Su presencia evitó una modificación sustancial del dibujo alavesista y permitió circunscribir las ausencias importantes a la baja de John Aloisi.
Así que el Alavés se plantó en el césped con un 4-4-2 natural y la inédita pareja de ataque Ogbeche-Arthuro. El brasileño, sin alardes, cumplió sin embargo su función más allá del gol. Incordió por arriba en la primera mitad y después trató de aplicarse en la contención. Toni Moral se mostraba incisivo por la izquierda y Edu Alonso solvente por la derecha.
Relativa tranquilidad
Aunque en realidad fue una tarea colectiva sostener el 1-0 desde el mismo momento en que llegó. Sin modificaciones en el planteamiento -esperar atrás y buscar el contragolpe- y amparado por la ventaja, el Alavés tiraba de orden y coraje. Poco más y nada menos. El paso por Mendizorroza de un adversario sin alma ni delantero centro -su goleador Luque estaba sancionado- justificó sus pobres números a domicilio durante la temporada. Tres puntos en ocho jornadas después de anoche.
Dentro de la tensión colectiva y ya sin Chuchi Cos en el banquillo en la segunda parte, el equipo -dirigido por Alberto garmendia, el entrenador de porteros- vivió en realidad 45 minutos de relativa tranquilidad. Uranga cumplió como medio centro, Gabri aportó después intensidad arriba y finalmente Wesley entró en la media punta. Dentro de un partido sin ritmo y propicio para los intereses albiazules. Más allá de que el Alavés no atinase en los contragolpes por falta de precisión, el Ciudad de Murcia -que acabó con diez por expulsión de Ayoze- parecía resignado a su incapacidad. Con Casar y Mateo impecables, Gaspar en su sitio y Lacen en su fundamental papel de incomodar la salida del rival.
Así, sin demasiados problemas salvo algún acercamiento, el Alavés consiguió mantener su renta y dormir sin la tensión de verse mañana en puestos de descenso. Con el mérito de una plantilla comprometida y unas ausencias de Piterman y Cos -éste tras el descanso- que se prestan a todo tipo de interpretaciones.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com 0 1
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