El Helmántico noquea al Alavés |
Un sobresaliente Salamanca aprovecha los errores albiazules para golear a un equipo vitoriano sumido ya en la desesperación
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Canal Mendizorroza
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CANAL MENDIZORROZA. El centro del campo albiazul hizo aguas. /El Correo
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Hasta el árbitro, que evitó prolongar la agonía y anuló el descuento, se compadeció ayer de un triste y preocupante Alavés que salió noqueado del Helmántico por un Salamanca sobresaliente. En tres minutos, el primero del partido y los dos iniciales de la reanudación, liquidó el partido. Aferrado a la exquisitez del mexicano Vela y a un coro de futbolistas notables y en óptima forma -Quique Martín, Ze Tó y Braulio- que entonaron una dulce sinfonía hasta envolver al equipo albiazul al que apenas le dio para aplaudir a través de su generalizada endeblez defensiva.
Después de dos derrotas consecutivas y seis goles encajados en 180 minutos -más que en los nueve primeros partidos- el equipo vitoriano queda sumido en la desesperación que transmite su actual inconsistencia y falta de pegada, cuestiones tan problemáticas como su situación clasificatoria.
Más que una crítica este Alavés necesita un diagnóstico. Tras el varapalo de la segunda mitad ante el Hércules, el Salamanca quebró todos los propósitos de enmienda albiazules en su primer ataque. Vela superó diferentes barreras defensivas para, tras apoyarse en Braulio, acabar en el área, recortar con elegancia y abrir el marcador en menos de sesenta segundos. Lo que se antojaba como un accidente prematuro resultó sin embargo un claro reflejo del partido. La diferencia entre la claridad, brillantez y precisión del ataque salmantino -rubricado más tarde con triangulaciones de alta escuela- y esa argamasa de textura casi sólida que el cuadro vitoriano trata de hacer pasar por fútbol ofensivo.
El Salamanca, en realidad, se apoyó en el 1-0 para ser más en todos los aspectos. En cuanto a organización -juego entre líneas y por las bandas-, agresividad -casi el doble de faltas con la mitad de tarjetas- y, por supuesto, acierto ante el gol. Sólo allá por el minuto veinte de juego, cuando el conjunto 'charro' se hartaba de jugar y hacerlo bien, moviendo la pelota con velocidad, pareció despertar el Alavés.
Pequeña reacción
Después de una semana con varias pruebas tácticas, Cos y Piterman se decidieron finalmente por introducir dos cambios en el once inicial. Ian Uranga fue la apuesta para cubrir el hueco de Astudillo -su ausencia fue una losa en la zona ancha- y regresó al equipo Jandro. Ogbeche quedó así por primera vez en el banquillo. Pero en realidad cualquier valoración sobre el rendimiento quedó coartada por el tanto inicial. Después, los técnicos sacrificaron a Uranga -aún en la primera parte- para dar entrada al nigeriano, retrasar a Jandro al doble pivote y tratar al menos de pisar el área.
El Alavés vivió momentos de esperanza en el tramo final de este primer periodo. Con más empuje que otra cosa, dominó a un Salamanca físicamente asfixiado tras su meteórica salida al césped, y se acercó al guardameta Tete. Pero su corta reacción -alrededor de un cuarto de hora de control- volvió a topar con su incapacidad para definir. Primero porque casi nunca acierta en el último pase y después porque Aloisi desperdició a centro de Jandro, con un remate muy blando, la única oportunidad clara en esos momentos.
Desbarajuste total
Y el Salamanca volvió al campo para hurgar en las miserias alavesistas. De un saque de banda nació el segundo tanto de Vela -qué futbolista- que desquició a Coromina con su movilidad y clase en la banda y más tarde a Pablo Casar. Tras el 2-0 el central se jugó un regate en la zona prohibida y Braulio castigó al Alavés con un soberbio gol tras recorte en el área y remate con el exterior a la escuadra de Bonano. Resultó el final anticipado de un partido que sólo por exigencias reglamentarias fue necesario extender hasta el minuto noventa.
La derrota ante el Salamanca -junto al 'Poli Ejido' el mejor equipo que se ha enfrentado al Alavés esta temporada- abre una semana de máxima tensión, con partido de Copa de por medio frente al Celta. Si el cuadro albiazul quiere mantener sus opciones de ascenso necesitará acabar con esas bajadas de tensión defensiva que le han costado muchos goles en los dos últimos encuentros. Hasta el momento y dada su mediocridad ofensiva, la solidez había sido su única arma.
Claro que después de once jornadas y ante la visita del Albacete a Mendizorroza el cuadro vitoriano vivirá su primera situación límite en la temporada.
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