Casar rescata a un Alavés sin rumbo |
El gol final del defensa sostiene en la tabla al equipo vitoriano, que volvió a torturar a a Mendizorroza con otro partido soporífero
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CANAL MENDIZORROZA. Pablo Casar, rodeado de defensores del Almería, se impuso por arriba en un córner y logró el tanto de la victoria albiazul. / BLANCA CASTILLO Y JON RODRÍGUEZ
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Es patrón habitual del Alavés de Cos y Piterman que la continuidad entre un partido y el siguiente se limite al color de las camisetas, que indistintamente y sin la más mínima fiabilidad salga un tiro certero y el siguiente por la culata. Así, entre la solidez de La Condomina con resultado negativo y la desorientación en Mendizorroza, ayer con saldo positivo, se mueve el equipo vitoriano a dos aguas, sin descolgarse del grupo cabecero ni convencer lo más mínimo; aún escasísimo de gol y apenas sostenido por su contundencia defensiva. Al rescate acudió incluso esta vez la zaga, cabezazo de Pablo Casar en el minuto 84, para derrotar a un Almería que pagó el precio de su racanería y absolvió a una escuadra albiazul que en muchas fases repitió el esperpento de la jornada ante el Tenerife y, a base de apatía táctica e individual, ha convertido ya a Mendizorroza en un escenario de rabia y sopor.
Por vicio adquirido, el Alavés se empeña en ganar los partidos de casa al paso, en malvivir de unas individualidades ahora en penumbra y cuando el foco apunta al colectivo -organización, presión adelantada y agresividad deberían ser algunas de las bases- la luz le ciega. Tan importantes son tres puntos frente al Almería -teórico rival por el ascenso- que permiten al equipo no descolgarse de la zona cabecera, como que alguien recete café y no tila a un puñado de jugadores a los que la autonomía de garra y coraje parece darles para diez minutos, los iniciales. En Mendizorroza -Tenerife y Almería- el equipo vitoriano se ha acostumbrado a jugar al fútbol como quien rellena engorrosos formularios. Sin el mínimo entusiasmo.
Sin bandas
Ni siquiera la obligada ausencia de Aloisi, que impidió reeditar la provechosa dupla con Ogbeche, parece motivo suficiente para que el Alavés se empecine en su autocomplacencia. Cos y Piterman optaron finalmente por la entrada de Rubén Navarro, que después de tres partidos en el banquillo regresó justo después de disputar los 120 minutos de la Copa ante el 'Poli' Ejido. Y aunque el sopor pudo mitigarse en el minuto tres, con un gol anulado a Astudillo que en el campo pareció legal, la gaseosa albiazul dejó casi toda la espuma en esa acción. Media hora después, el golpeo del balón en el larguero en una falta lanzada por Navarro debió despertar a algún espectador.
Pero hacía tiempo ya que el Alavés había perdido su conexión a la electricidad. Esa que acaba con un balón a las bandas o se pierde en el limbo. Ni por la izquierda ni por la derecha, durante casi todo el partido, funcionó el equipo en este aspecto. Apagado y con problemas defensivos Brandán; Edu Alonso con algunos intentos al principio, hasta caer lesionado. Pero tal vez sean los interiores, Moral y De Lucas, los que simbolicen el estado actual del Alavés. Sin profundidad alguna ni desborde y en el caso del segundo, con permanentes mensajes de que necesita un urgente paso por el banquillo. Que ayer siguiera sobre el césped hasta el minuto noventa -con el demostrado empuje de Gabri en los partidos de Copa- podría ser el argumento de uno de esos libros de moda con insolubles enigmas.
Y así, otra vez entre bostezos y múltiples pitos de Mendizorroza, se presentó el equipo en el tramo definitivo. Con Mateo y Casar más que solventes en los balones aéreos, pero con un Almería que pese a su timidez ofensiva producía constantes acciones entre líneas. Ortiz -posiblemente el mejor jugador del encuentro- se hartaba de tocar y desbordar cerca del área. Para bendición albiazul, el conjunto andaluz limitó su movilidad a zonas no excesivamente peligrosas. Creó más fútbol que oportunidades y otra vez irrumpió en algunas de ellas Bonano para constatar su dulce momento.
Ocasiones al final
El Alavés, prácticamente obligado por el resultado y la mala sangre de la grada, al menos se desperezó en el cuarto de hora final. Entró Jandro y más tarde Gabri y se atisbó un mínimo de intención. Al asturiano, esta vez bastante activo, se le fueron dos disparos envenenados. El primero con el interior y el segundo con el empeine, ambos cerca de la escuadra. Claro que antes Lacen había sacado un balón bajo la línea de gol y Bermejo rozó el 0-1.
Fue, por fortuna, 1-0 gracias al coraje y determinación de Casar. Tres puntos y toda una semana para reflexionar.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com 0 1
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