El Alavés ejerce de somnífero |
Regala el empate al Tenerife después de un pésimo partido donde fue incapaz de inquietar a un adversario ordenado
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Canal Mendizorroza
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CANAL MENDIZORROZA. Astudillo tuvo que trabajar mucho en el centro del campo. /El Correo
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El Alavés ejerció ayer de potente somnífero hasta adormecer por completo a Mendizorroza y convertir en bostezo permanente un presunto partido de fútbol. Regaló en realidad la escuadra albiazul dos puntos al Tenerife, que ni en sus mejores sueños se había imaginado noventa minutos de semejante comodidad sobre el césped del Paseo de Cervantes.
Faltó inspiración, revoluciones y riesgo; capacidad individual para descongelar el duelo y recursos desde el banquillo para ofrecer alternativas al planteamiento inicial, el de siempre, que pasa por dejar el balón al adversario y aguardar el contragolpe.
El Tenerife pareció haber tomado nota de aquel técnico rival, que escaldado tras recibir en Mendizorroza varios goles al contragolpe, aseguró hace un par de temporadas que su equipo debería haberse sentado encima del balón ante la falta de presión del Alavés. Es concretamente lo que hizo el conjunto isleño, hasta abombarlo. Se limitó a combinar la pelota en zonas poco comprometidas y jamás arriesgó en terrenos pantanosos. Sin la más mínima intención de acercarse al área de Bonano. Ante esta lógica, la habitual de los modestos cuando visitan campos difíciles, el cuadro vitoriano se quedó en nada.
Difícil de explicar cuando el Alavés se plantó en el final de la 'gira canaria' con ocho cambios respecto al equipo que se impuso en el Heliodoro Rodríguez López en el duelo copero. Sólo Gaspar, Casar y Carpintero repetían en la alineación. Es decir, a priori, el equipo se encontraba en condiciones de ofrecer todo el vigor físico que exige este tipo de partidos. Pero el del cuadro albiazul debió perderse en la primera parte del debut liguero ante el Elche. Todo lo que hizo en aquella oportunidad, presión adelantada y recuperación del balón en terreno contrario, se olvidó en ésta.
Un tiro a puerta
Sólo quedaba buscar el partido por la vía de las individualidades y se agotaron en el minuto dos. Un pase medido de Ogbeche que rompió a los centrales tinerfeños y dejó a De Lucas en un mano a mano con Bernardo. El catalán, ayer perdido en batallas contra el mundo, perdonó en su intento de vaselina. Parecía, tras dos buenas circulaciones de balón alavesistas, una promesa de juego vistoso y resultó, sin embargo, un juramento continuado. Con el suave lanzamiento de De Lucas a las manos de Bernardo concluyeron los remates a puerta. Uno.
Nada funcionaba en realidad en la faceta ofensiva. Jandro se ahogaba sin espacios, Moral apenas aparecía y ni Brandán, ni Gaspar -finalmente los técnicos evitaron la opción de Uranga- se desdoblaban por las bandas. El Alavés, incluso, parecía sentirse relajado. Ni para diez minutos de garra y agresividad en campo contrario le dio en todo el partido. Tampoco al Tenerife, que resumió su ataque en una oportunidad de Ángel que salvó Bonano.
Sin recursos
Ni siquiera la amenaza del pobre empate final sirvió de revulsivo al equipo vitoriano. Ninguna luz apareció en el campo pese a la entrada de Rubén Navarro y Aloisi. El cambio de piezas -salieron del terreno Jandro y Ogbeche- siguió sin variar un ápice un esquema conservador que deparó más de lo mismo. Sólo un chispazo individual podía variar el signo de un partido que el banquillo alavesista nunca trató realmente de modificar en el aspecto táctico.
Cos y Piterman optaron por evitar riesgo alguno y el Alavés se quedó con el punto inicial. Y, lo peor, un aburrimiento extremo.
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