La victoria más dolorosa |
La afición albiazul, que no paró de animar a lo largo de todo el partido, vivió un dramático final tras paladear la permanencia durante trece minutos
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GORKA AYUELA
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INCREÍBLE. El gol de Coro en el descuento dejó a la afición albiazul hundida. Nadie quería creer las noticias que llegaban desde Barcelona. / FOTOS: IGOR AIZPURU
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«La suerte está echada. Lo que tenga que ser será». Iker Martín pronunciaba estas palabras una hora antes del pitido inicial del duelo que iba a dilucidar si el Alavés seguía un año más en Primera o regresaba al purgatorio de Segunda. Quedaba tiempo para la ilusión, para la esperanza, para creer «en un milagro». Porque esto era lo que la afición albiazul, entregada y fiel hasta el final, pedía en una noche de infarto. Pero el destino tenía reservado el desenlace más cruel. Primero alimentó la ilusión con el gol de Bodipo para asestar, trece minutos después, una puñalada trapera y mortal. Increíble, pero cierto.
«¿Alavés, Alavés!». El grito de guerra de cerca de 500 irreductibles babazorros retumbaba en la plaza de la Virgen Blanca a las 21.00 horas. Las peñas, más unidas que nunca en este tramo final de campeonato, confiaban en el equipo pese a las remotas posibilidades. «Mientras haya opciones matemáticas, hay que animar a tope. Hay que estar con los jugadores a muerte», afirmaba un joven aficionado que lucía orgulloso sus «amados» colores azules y blancos.
En el corazón de todos los seguidores había un huequecito para la Real. «Esperemos que nos haga un favor y por lo menos empate. Tampoco le pedimos mucho, un empatito», bromeaba Mikel al tiempo que le daba el último sorbo a un katxi de kalimotxo. «¿Erreala, Erreala!». Por momentos, algunas calles vitorianas recordaban las inmediaciones del estadio de Anoeta en vísperas de una mismísima final. La conexión alavesa-guipuzcoana tenía que carburar mejor que nunca.
Éxtasis y drama
Ya en las gradas de un Mendizorroza que presentó una gran entrada con 15.137 espectadores, el ímpetu por empujar al equipo se entremezcló con los incontrolables nervios. Una tensión que se multiplicó cuando Bodipo sacó astillas del palo derecho de Molina. Mientras, el Espanyol se mostraba incapaz de doblegar a los vecinos guipuzcoanos. El sueño era posible. Por ello, los seguidores despidieron a sus jugadores con una sonora ovación.
Tras el paso por los vestuarios, el fondo de Polideportivo mostró su cuarta pancarta contra Piterman. Y es que ayer, la afición prefirió no malgastar aliento increpando a su presidente durante el duelo. El equipo era prioritario.
En el minuto 78, Mendizorroza saltó por los aires. El gol de Bodipo obraba el milagro. 15.000 gargantas cantaron al unísono un tanto que dejaba al Alavés en Primera. Pero el drama estaba aún por llegar. Trece minutos después y a casi 600 kilómetros, Coro sepultaba todas las ilusiones. Mendizorroza enmudeció. Ya no había tiempo. El club albiazul regresa a Segunda, pero la afición demostró que tiene un hueco en Primera.
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