La fatalidad se ensaña con el drama albiazul |
Un gol en el descuento del Espanyol convierte en una tragedia Mendizorroza, que ya celebraba la salvación | El plantel alavesista ofreció la mejor versión y tiró de espíritu para imponerse con justicia al Deportivo
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CANAL MENDIZORROZA. Nene, que participó en el único tanto albiazul, llora camino de los vestuarios en la dramática despedida de la Primera División. / FOTOS: NURIA GONZÁLEZ Y BLANCA CASTILLO
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Lloran ya los alavesistas, huérfanos de consuelo y desde ayer familia numerosa de la rabia por el drama futbolístico escenificado con el gol de Coro en Montjuic.Lloran también por un descenso irracional gestado en nueve meses caóticos y alumbrado a medianoche en Mendizorroza. Lloran porque el agónico desenlace de la jornada final agrava el dolor de la alevosa pérdida de la categoría instigada por Piterman y culminada por una plantilla acomodada en el esperpento.
Lloran conscientes de que sólo cuatro aventuras y once años en Primera han jalonado hasta ahora su octogenaria historia. Lloran porque en la inestable bolsa deportiva las acciones del ascenso cotizan por las nubes y por el suelo las de la permanencia, allí donde la mediocridad general fijaba este año la salvación en 40 ridículos puntos. Lloran, en definitiva, porque les duele este vergonzoso Alavés -no el de ayer, precisamente- que vuelve a Segunda con el peor de los remordimientos: la certeza de que un entrenador hubiese bastado para evitarlo, de que el máximo accionista ha conspirado desde dentro hasta consentir la hecatombe.
Intensidad y espíritu
Para la ruleta ruso-ucraniana de la jornada decisiva el conjunto vitoriano había acumulado todas las balas en el tambor de su pistola. Esperar un disparo sin consecuencias ha sido durante la semana la esforzada obligación de plantilla y aficionados. La última voluntad de los desilusionados. Y durante muchos minutos, el acto de fe resultó gratificante, alentador y milagroso. De Montjuic sólo llegaba tensión, sólo amagos, hasta que llegó un cañonazo.
El partido en Mendizorroza había amanecido intenso, cumpliendo con la obligación de buscar desde el comienzo el gol que provocase un colapso nervioso en Barcelona. Con la novedad de Carpintero por Juanito y las esperadas comparecencias de Bonano, Mena y Rubén Navarro. Sin gran claridad de ideas sobre el césped, pero con el huracanado deseo que tantas veces ha faltado durante esta Liga.
En realidad, fue el Deportivo, con la Intertoto en juego, el que más asustó en el inicio. Desde el orden, el balón parado y la calidad de sus piezas ofensivas halló oquedades en la zaga alavesista. A Arizmendi se le fue alto un remate que heló las venas de Mendizorroza. A Tristán, poco después, fuera un sutil disparo.
Pero el Alavés era un colectivo pleno esta vez de determinación. Con más o menos acierto, el derroche físico de jugadores como Astudillo o Bodipo resultaba estremecedor. El sevillano se estrelló con la fatalidad en forma de madera. Un magnífico cabezazo cruzado que, a desesperante cámara lenta, atravesó la línea de gol tras golpear en el poste para morir al rozar el otro palo. Los posteriores intentos de Mena y Navarro toparon después con Molina.
Bodipo y Coro
Y comenzó la segunda parte en un mar verde de incertidumbre. Con el temor sobre la respuesta física del equipo y de nuevo en la perplejidad tras el cambio de Rubén Navarro. Pero el equipo sufría y tiraba adelante a través de las vísceras, el esfuerzo y el compromiso, todo lo que le ha faltado en numerosas ocasiones. Hasta que Mendizorroza estalló al unísono. Gracias a una de las pocas irrupciones de Nene y al rechace cazado por Bodipo. El delantero andaluz se resarció por toda la temporada. Nadie le puede reprochar su entrega y ayer la oportunidad de rozar el gol decisivo. Pero éste llegó por parte espanyolista.
Es ya tiempo de dura reflexión y de futuro. De conocer si el tirón de seis temporadas en Primera División en sólo ocho años es suficiente para sostener, al menos en parte, la fidelidad de una masa social hastiada de encajar reveses deportivos y soportar dañinas y en ocasiones injuriosas excentricidades. Si la amenaza de continuidad indefinida por parte de Piterman es o no una maniobra de distracción para no depreciar más un producto ya deteriorado por el mal uso e hipotecado con contratos a largo plazo. Si el presidente deja en paz a la única parte insustituible del Alavés, sus aficionados, y se da cuenta de que para comprender lo que sucede hay que haber llorado dentro de Mendizorroza. Como lo hicieron ayer miles de albiazules que, pese a todo, son de Primera.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com
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