Mendizorroza bosteza ante el conformismo |
El Alavés, incapaz de romper el muro adversario, sella ante el Athletic un temeroso y escaso empate | Falla sus contadas ocasiones en la primera parte y se diluye después dentro de un derbi mediocre
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CANAL MENDIZORROZA. Carpintero intenta evitar el pase de Orbaiz. /El Correo
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Mendizorroza vivió ayer un prolongado y poco productivo bostezo de conformismo. El que dictó un derbi ramplón y ajeno al espectáculo, uno de esos partidos al que si se le extrae el jugo de las emociones queda en fósil futbolístico,en escombros de la zona cero que Alavés y Athletic se empeñaron en recrear sobre el césped vitoriano. Esa especie de pacto de no agresión que los albiazules firmaron al reducir los riesgos ofensivos en la segunda parte y los rojiblancos en una indisimulada y finalmente próspera apuesta por el punto inicial.
Tan boyantes de resultados, que no de situación clasificatoria, llegaban Alavés y Athletic al derbi que ambos se limitaron a no quebrar su estadística. Y aunque el empate pareció sobre el césped contentar también a los albiazules, se antojó escaso para un equipo que vive en la segunda vuelta de su frescura en el Paseo de Cervantes. El cuarto partido sin encajar goles -otra vez solvente el sistema defensivo- dejó esta vez un poso amargo. El que habla de dos puntos perdidos ante un adversario potencialmente inferior y que tras la pérdida por lesión de Aduriz, su referente goleador, se dedicó con éxito a enredar la calidad del ataque alavesista y buscar el gol en una acción aislada.
En realidad, el temeroso empate pareció una suerte de desafío a medio plazo, de tratar de convencer al adversario de que el 0-0 no iba a acelerar el pulso de ninguno ni sobre el césped ni en la cerrada batalla por la permanencia que la Real Sociedad estrechó el sábado. Si alguno de los dos sintió ganas de ganar fue el Alavés, que pareció calmarse después de un tramo final de la primera parte donde sí apretó a los vizcaínos y tuvo el partido en las ocasiones de Bodipo, Aloisi y De Lucas. Claro que todo ello dentro de un partido de hierro forjado.
Costanzo y Begoña
Las sorpresas llegaron de inicio en las dos partes. A la esperada titularidad de Costanzo se unió la de Ibon Begoña por el 'tocado' Coromina y también la obligada ausencia de Astudillo, que finalmente no se recuperó a tiempo de sus dolencias musculares. Pero la mayor modificación llegó por parte rojiblanca. En una declaración de intenciones abrumadora, Clemente sentó a Yeste, dio entrada a Murillo y colocó una barrera de tres centrales. Es decir, asumió que frenar al cuarteto ofensivo albiazul era su única consigna y a ello se dedicó el Athletic durante todo el partido. Con una salida espumosa de presión adelantada, bastantes minutos de posesión en la segunda parte y alguna acción a balón parado, pero poco más que añadir al partido. Fue, en definitiva, y al margen de su orden milimétrico, uno de los rivales más limitados en el aspecto ofensivo que han pasado por Mendizorroza.
¿A qué se jugó?, buena pregunta. A casi nada. El Alavés tiró de la velocidad de Bodipo y de algunas conexiones aisladas para sudar sus oportunidades. El Athletic aprovechó el nerviosismo de Costanzo para amagar. También la entrada de Dañobeitia por Luis Prieto para liberarse de centrales y apuntalar el centro del campo ante la incapacidad albiazul para provocar cierto peligro. Apenas una opción para Bodipo en el tramo final por parte albiazul, apenas un remate de Orbaiz tras el rechace de un córner por los visitantes.
Tampoco el banquillo alavesista se afanó por buscar alternativas. Más bien lo contrario. Otra vez empeñados Luna y Piterman en la opción de Blago como primer cambio, cuando el búlgaro ha dejado ya de ser una incógnita para convertirse en un jugador que, al margen de provocar faltas, poco aporta al equipo. Ni precisión ni desborde por la banda. Y otra vez Jandro condenado a ni siquiera convertirse en una posibilidad de cambiar el guión. El asturiano, notable ante Cádiz y Celta, sigue en galeras. Con seis minutos en el campo cuando los equipos se dedicaban ya a perder tiempo y tirarse pelotazos. Más bien parecía que el Alavés jugase fuera de su estadio.
Miedo final
Así languideció un partido sin más historia que la de la ausencia de riesgos y el temor de caer frente a un rival directo. A falta de siete encuentros para el final del campeonato el Alavés perdió una gran ocasión para asomar definitivamente la cabeza y acercarse directamente a esos cuarenta puntos que parecen el maná de esta Liga.
Se quedó, no obstante, con otro punto que suma, deja al vecino a tiro y ahora con el 'golaverage' a favor. Resta todo por delante.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com
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