Un colista esperanzado |
El triunfo en Riazor y el nuevo proyecto técnico de Oliva recuperan la ilusión de un Alavés que cierra en la última plaza una primera vuelta nefasta
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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SARRIEGI celebra junto a Coromina y Jandro el gol de empate ante el Atlético de Madrid, uno de los once puntos que ha sumado el Alavés a domicilio. / I. ONANDIA
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Una mirada objetiva a la clasificación habla de la evidencia: el Alavés es el peor equipo de la Liga después de 19 partidos y la amenaza del descenso flota sobre Mendizorroza. En cambio, si se aplica la lupa para observar la coyuntura deportiva actual el nuevo proyecto técnico de Oliva, impulsado por la reciente y prestigiosa victoria en Riazor, devuelve la ilusión a una escuadra albiazul que ha navegado sin rumbo ni acierto durante demasiados meses. Ahora, a dos puntos de la permanencia, el equipo afronta el complicado reto de superar una primera vuelta nefasta. Peor incluso que la de su retorno a Primera División en la campaña 1998-99 con una plantilla de circunstancias.
UN MAL INICIO
En el manual de todos los equipos modestos las primeras jornadas de Liga cobran siempre una trascendencia especial. Nada peor que iniciar la temporada entre las dudas que generan los resultados negativos. Y tras el espejismo del empate frente al Barcelona, el Alavés se colocó colista en la tercera jornada. La triste derrota en San Sebastián y el desbarajuste ante el Getafe (3-4) -primer aviso serio del desorden táctico posterior- sumieron al equipo en la ansiedad. El calendario, con la visita a Mendizorroza de buena parte de los grandes, sesgó el primer intento de reacción. Las expectativas generadas por una plantilla con capacidad suficiente para subsistir en la 'Liga de las estrellas' chocaron con la realidad. La primera victoria no llegó hasta la sexta jornada en Santander.
GRAVES PROBLEMAS EN CASA
La segunda fase de la primera vuelta sólo sirvió para confirmar los peores presagios. Con dos graves problemas unidos. La falta de gol en un equipo que vivió toda la temporada pasada del acierto de sus delanteros y la constatación de que cada compromiso en Mendizorroza era un muro infranqueable y aún lo es. Tres empates consecutivos en el Paseo de Cervantes -ante un Villarreal en cuadro y dos rivales directos, Espanyol y Cádiz- certificaron que el Alavés estaba destinado a sufrir más de lo esperado. Las visitas a Sevilla y Vigo, saldadas con derrotas y penaltis dudosos en contra que dejaron muy claro cuál es el peso albiazul en el escalafón arbitral, provocaron la primera crisis. Saldada una semana después con la histórica victoria en Bilbao. Pero el Alavés no supo después aprovechar este impulso anímico para definir su identidad, falto de contundencia defensiva y ofensiva y endeble ante la menor circunstancia negativa. Ya para entonces, parte de la plantilla albiazul había reclamado a Cos una mejor planificación de los entrenamientos. Todo un síntoma del desencanto interno en el trabajo del día a día.
1 DE 18, EL HUNDIMIENTO
Con el triunfo en San Mamés el Alavés asomó la cabeza por encima de los puestos de descenso por primera vez en nueve semanas. En realidad, sólo en cuatro de las diecinueve jornadas -1ª, 2ª, 12ª y 13ª- ha vivido por encima de la zona roja. Pero lejos de espabilar, la crisis comenzó a agravarse. Encadenó entonces su peor racha de la temporada, sumó un punto de dieciocho, que le llevó ya antes del fin de año de vuelta a la posición de colista. En esta fase perdió en Pamplona por errores defensivos pese a mostrar una imagen seria durante muchos minutos y sufrió después la esperpéntica derrota ante el Mallorca (0-3). De aquel disparate táctico -cuatro delanteros y Jandro casi de mediapunta- nació una conjura interna dentro del vestuario. Y el equipo cambió. Pero dos partidos notables -Atlético de Madrid y Valencia- apenas le dieron para un punto. Por falta de puntería en el primero -dos ocasiones clarísimas de Aloisi en los últimos minutos- y sobra de entidad del rival en el segundo tras encajar otro gol sin explicación. El propósito de enmienda apareció frente al Betis, pero un penalti errado por Nene con el empate inicial confirmó que al Alavés le atacan todos los males posibles esta campaña. Otro partido correcto de inicio pero sin gol ante el Zaragoza sumió al equipo en el caos.
EL RELEVO TÉCNICO
Apenas un mes después de negar la posibilidad de destituir a Chuchi Cos, Piterman consumó el relevo. Oficialmente, una renuncia del entrenador, ahora secretario técnico y asesor del presidente. En apenas cuatro días, los jugadores agradecieron la intensidad de los entrenamientos y ya después del triunfo en Riazor reconocieron abiertamente que la incorporación de Oliva ha supuesto un revulsivo físico y táctico, más allá del resultado ante el Deportivo. En la última semana Dmitry Piterman se ha apartado de la toma de decisiones deportivas, antes compartidas con Chuchi Cos. Así se lo comunicó a los jugadores en el vestuario durante la pasada semana y lo cumplió de forma escrupulosa el domingo. Ahora, la dirección del equipo queda bajo la responsabilidad única de Juan Carlos Oliva, como él mismo confirmó a este periódico en una entrevista.
AUMENTAR EL NIVEL INDIVIDUAL
El cambio de entrenador era un paso imprescindible ante el evidente deterioro albiazul, pero el futuro pasa por la recuperación general del equipo. A nadie se le escapa que salvo algunas gratas sorpresas, como la espectacular campaña de Costanzo, la fiabilidad de Juanito en dos posiciones y la producción goleadora de Nene en el arranque del campeonato, demasiadas piezas alavesistas siguen sin encajar, más allá de la responsabilidad de los entrenadores. El reto de Oliva es activar una plantilla con resortes suficientes para revertir la situación. El primer peldaño lo ha subido ya. Las declaraciones postpartido en La Coruña, donde los jugadores alabaron su trabajo, es el mejor signo. La plantilla cree en el entrenador, algo que tras los sucesivos fracasos no sucedía en la etapa final de Cos en el banquillo.
SOLIDEZ Y GOL
Dentro de la reactivación que necesita el equipo para compensar en la segunda vuelta sus problemas iniciales, la primera asignatura debe ser mantener la solidez exhibida en Riazor. Sólo a través de esa base podrá el Alavés desarrollar sus cualidades individuales. Al equipo le ha faltado en demasiadas ocasiones el equilibrio táctico y la fortaleza mental y física necesaria para aguantar noventa minutos a un ritmo intenso. Sin caer en la desesperación que lleva a la anarquía.
A partir de ahí, el segundo gran 'debe' reside en la falta de gol. Al ritmo de la primera vuelta, 16 tantos en 19 partidos, es obligatorio un sistema defensivo casi perfecto para obtener resultados. El reciente acierto de Aloisi y Bodipo en Riazor es la vía obligatoria para que el Alavés pueda subsistir en una competición muy exigente.
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