|
CARLOS MARTÍNEZ
|
|
|
|
|
|
Un rayo de luz al final del túnel vislumbraron ayer en Riazor los renacidos jugadores albiazules. Ante un Deportivo sin ideas, el Alavés encontró finalmente la fortuna -otras veces esquiva-, pero sobre todo obtuvo el premio a un juego sólido y con convicción. Incluso más fácil de lo esperado, esta victoria es clave para cerrar la primera vuelta y coincide con el relevo técnico, tarea ahora en manos de Juan Carlos Oliva.
Con este paso de gigante, está claro que hay que repartir las flores en su justa medida, ya que los recursos nuevos todavía no han tenido tiempo material de plasmarse, pero por lo menos se ha observado cuál es la línea a seguir por el equipo. En este sentido, salió a relucir sobre todo la calidad exhibida con cuentagotas esta temporada por los jugadores. De esta forma, el trabajo serio en conjunto de todos los hombres fue reivindicado por la resolución de los goleadores Aloisi -de improvisado mediapunta- y Bodipo. También con las intervenciones del portero Costanzo en los momentos de apuro finales.
CALIDAD Y CONFIANZA
Ya es hora de que de una vez por todas esta plantilla se abstraiga de condicionamientos externos y manifieste su verdadero potencial. A medida que se vayan recuperando lesionados y con los fichajes en la medular del ayer debutante Elton y próximamente Georgiev, además de recomponerse el puzzle albiazul, aumentará la competencia entre sus componentes. De esta forma, el juego equilibrado desarrollado ante los coruñeses -jugando con los espacios y la movilidad de los futbolistas-, tendrá visos de continuidad y no será flor de un día. También es el momento de definir la participación futura de Téllez, que redundará en tranquilidad para todos. A partir de ahora, la mayor confianza anímica en las propias posibilidades es el mejor caldo de cultivo para la ansiada reacción.
ESPERANZA
La salvación se acerca a sólo dos puntos con toda la segunda vuelta por delante. Aunque la próxima salida es ante el 'coco' Barcelona es evidente que el futuro alavesista pasa por su propio rendimiento. En espera de una ilusionante sorpresa, el campo de batalla se encuentra en el rendimiento en casa.
Con la obligación de llevar la iniciativa del juego y partiendo de una mentalidad y actitud positivas, habrá que extremar la concentración defensiva y abrir el campo por las bandas para que la calidad se convierta en precisión. Ojalá que las victorias en Santander, Bilbao y La Coruña no sean sólo un espejismo y sí marquen una regularidad. Nos queda la ilusión de que la positiva imagen mostrada en Riazor permanezca en el futuro.
|
|
|