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CARLOS MARTÍNEZ
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En Mendizorroza y ante un Mallorca que le venció con irritante superioridad, el Alavés demostró tal falta de actitud y reacción ante la adversidad que el futuro se torna preocupante. Con el equipo más ofensivo de toda la temporada fue, incluso, ridiculizado por un rival que no hizo nada del otro mundo en Vitoria, sino aprovechar la excesiva fragilidad defensiva del conjunto. Este desequilibrio, con mínimo peligro atacante, invita a una profunda reflexión. Está claro que en las situaciones más comprometidas -otra vez en puestos de descenso- la unión de todos es básica, pero me temo que la siembra de tempestades por parte del presidente Dmitry Piterman no conduce al optimismo.
SIN RECURSOS
Al Mallorca de Héctor Cúper le bastó su intensa presión sobre los jugadores del Alavés para reflejar una manifiesta impotencia por parte de éstos. Está claro que jugar con más delanteros no es sinónimo de aumentar las ocasiones de gol -como ejemplo, la victoria en Bilbao-. Por tanto sería deseable que cada futbolista tuviera clara su misión en el campo. Primeramente se contó de inicio con Lacen y Bodipo fuera de sus posiciones naturales. Además, Jandro cambió su puesto habitual para encargarse de la organización en el centro del campo. Para cuando los técnicos se dieron cuenta era demasiado. El postrero gol visitante de la primera parte fue un severo golpe moral para las débiles huestes albiazules. Otros dos fallos de concentración defensiva, esta vez en jugadas de estrategia, finiquitaron una segunda parte descafeinada nada más comenzar. Ya enseñadas todas las cartas desde el comienzo los posteriores recambios técnicos fueron más testimoniales que otra cosa.
MEDIOS Y COMPROMISO
A parte de los inapropiados gestos de Rubén Navarro -fruto de la impotencia ante la afición-, personalmente considero que el fin nunca justifica los medios. En este sentido, las negativas e injustas formas empleadas por parte de la dirección del club no son el mejor caldo de cultivo para unir en el compromiso a todos los alavesistas.
Esa prepotencia, que no acepta ninguna crítica, hace flaco favor al equipo representativo de nuestra tierra. El hacer de la capa un sayo o esconder la cabeza como el avestruz no son el camino de la ilusión a seguir. Al final, con el cortijo instaurado, por unas u otras razones tenemos lo que nos merecemos -allá cada cual con su responsabilidad-, aunque también es verdad que mientras hay vida hay esperanza. De esta forma, aunque cada uno se pondrá en su sitio, es primordial el apoyo del aficionado, pues está en juego el futuro de nuestro Alavés por encima de las personas que están de paso.
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