Marcar y desintegrarse |
El Alavés, lastrado por graves errores defensivos, desperdicia la ventaja adquirida en una acción aislada ante un Osasuna más equilibrado
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CANAL MENDIZORROZA. Imposible. Costanzo, el mejor albiazul, mira cómo el balón entra en su portería tras el lanzamiento de penalti de Puñal. / FOTOS IGOR AIZPURU Y ALFAQUI
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Tres goles y dos grandes intervenciones de Costanzo, es decir, cinco ocasiones clarísimas de Osasuna en 45 minutos, los últimos, que acabaron con cualquier esperanza albiazul. Aferrado primero a un sistema ultradefensivo -una línea de cinco zagueros y Astudillo por delante sin atisbo alguno de creación- vivi&...Tres goles y dos grandes intervenciones de Costanzo, es decir, cinco ocasiones clarísimas de Osasuna en 45 minutos, los últimos, que acabaron con cualquier esperanza albiazul. Aferrado primero a un sistema ultradefensivo -una línea de cinco zagueros y Astudillo por delante sin atisbo alguno de creación- vivió sin sobresaltos el Alavés para morir tras el descanso en las mejores condiciones. Marcar Nene y desintegrarse el equipo, lastrado de nuevo por gravísimos errores defensivos, fue todo uno. Y es que cuando el partido rompió el corsé táctico imprimiendo al fútbol el ritmo de un derbi frenético el cuadro vitoriano volvió a despeñarse en las áreas. La suya y la ajena, porque en las botas de Jandro estuvo el 1-2 y en las de Milosevic y compañía la sabiduría para explotar la debilidad de una zaga impotente.
Para el Alavés, en realidad, se trataba de consolidar en Pamplona las sensaciones de equipo sólido y atrevido que dejó la pasada semana en Bilbao. Ni una ni otra cuestión resolvió como debía. Más allá de que el fútbol le concediese oportunidades durante el partido -acciones aisladas donde pudo incluso sentenciar el duelo-, Osasuna controló siempre el tiempo del partido. Porque cuando las agujas navarras podían perder el norte -gol de Nene- la escuadra albiazul las colocó de nuevo en hora al conceder otro gol psicológico a balón parado. Ventaja y respuesta inmediata del rival: es un mal ya repetido.
Ultradefensivo de inicio
El 4-1-4-1 de San Mamés había dejado paso en El Sadar a un 5-4-1 donde el Alavés se atrincheró sin rubor. De aquel equipo desinhibido y 'jugón' que hizo vibrar a los aficionados en Bilbao se pasó a un muro de contención para frenar al colíder. Con Juanito de tercer central y sin ayuda mínima de nadie para que Jandro y Rubén Navarro conectaran con Nene, el cuadro vitoriano se aplicó en lo que buscaba, el 0-0. Osasuna, práctico y contundente para sumar faltas al menor atisbo de espacio del rival, hizo el resto para reducir el duelo a un empate a nada.
El 'vasco' Aguirre interpretó el duelo en el descanso y vio que le sobraba un delantero y le faltaba juego en el centro del campo. Valdo por Romeo. Y a pesar de que Cos y Piterman reaccionaron con el cambio lógico, adelantar a Juanito al doble pivote, la movilidad osasunista rompió el partido. Con Valdo y Moha, Osasuna tuvo dos bandas apoyadas por los laterales, también a un Milosevic tanto para tocar y distribuir como para rematar. Por ahí comenzó a perderse el partido, por mucho que Nene hiciese el 0-1.
Antes ya se había aferrado el Alavés a Costanzo. Dos paradones del argentino -mano a mano ante David López y disparo a bocajarro de Milosevic- habían sostenido el equilibrio. Después llegó el córner de manual -peina Raúl García en el primer palo, marca Milosevic en el segundo- que abrió las heridas.
Demasiados regalos
Dominaba ya Osasuna con claridad cuando Jandro topó con Ricardo y Pérez Lima vio penalti en un leve toque de Poli sobre Milosevic. Más allá de esta acción concreta, el árbitro tinerfeño se encargó de desquiciar al Alavés con su doble interpretación para las faltas y cartulinas. Todas del mismo lado.
Claro que la pena máxima había llegado en otro despiste infantil de la zaga y el tercer tanto osasunista en un pelotazo desde cuarenta metros que acabó con Moha ante Costanzo sin explicación posible. Se consumaba la sangría en graves errores individuales -Sarriegi y Poli, entre otros- y ni el estreno goleador de Aloisi pudo ya provocar nervios en el asentado equipo local. Sobre todo porque el colegiado concedió dos escuálidos minutos de descuento después de seis cambios. Inaudito.
Sólo quedaba ya rumiar otra jornada de desesperación que corta el hilo del buen partido de Bilbao. Cuando la delicada situación albiazul demandaba una consolidación de juego y resultados para creer en la necesaria escalada clasificatoria del equipo, el Alavés se marcó otro de esos encuentros que dejan frío a cualquiera. Cuando logró defender fue a costa de una renuncia total al ataque y en el momento de jugarse el partido a tumba abierta concedió cinco ocasiones y tres goles a cambio de dos remates y un gol. Cuentas perdedoras.
Y volver a mirar al calendario anterior a Navidad con temor -Mallorca, Atlético de Madrid, Valencia, Betis- y a la clasificación desde abajo. Este Alavés sigue sin arrancar, cambia de cara cada semana y muestra su sonrisa una vez al mes.
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