Con la inercia de San Mamés |
El Alavés busca la continuidad para sumar ante un Osasuna que no ha cedido un solo punto en casa
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CUIDADOS MÉDICOS. Rodolfo Bodipo sufrió un esguince leve de
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El Alavés visita El Sadar con ánimo renacido. Es cierto que la victoria de San Mamés sólo supusieron tres puntos. También que el equipo albiazul continúa en los sótanos de la clasificación, separado por un suspiro de la condena del descenso. Pero es imposible no recrearse con el triunfo del domingo. Los ecos del resultado en el feudo rojiblanco todavía resuenan y eso que el siguiente envite está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, vale la pena dar rienda suelta a ciertas sensaciones sin perder nunca la perspectiva de la situación actual del conjunto albiazul y de sus necesidades inmediatas. Después de muchos años de rumiar las puñaladas del vecino, su hipermotivación y su prepotencia, ahora la desgracia les toca a ellos. Si hubiese un termómetro moral, el Alavés tendría fiebre.
Los profesionales del fútbol acostumbran a decir que cada partido es una historia. Sin embargo, al Alavés quizá no le convenga dar carpetazo al 0-2 de San Mamés, que le ha reportado un baño de autoestima, empuje y confianza. Ahora todo son rosas y esa inercia puede resultar celestial para plantarse en El Sadar con perspectivas de puntuar. La continuidad de resultados es una virtud inestimable en la máxima categoría y la escuadra vitoriana tiene ante sí la ocasión de completar el giro hacia la regularidad. Eso sí, el examen obliga a una dedicación y atención absolutas.
Revelación navarra
Porque Osasuna exigirá al Alavés sus tangibles y sus intangibles. El equipo que dirige Javier Aguirre es un trozo de pedernal muy distinto a la mantequilla rojiblanca; pelea, molesta, estorba y además tiene suerte. A veces la fortuna lleva el nombre de Ricardo; otras de Raúl García o Milosevic. Osasuna se ha convertido en el equipo revelación de esta primera fase de la campaña con cemento y una pegada en El Sadar de peso pesado. Seis victorias en seis partidos, un caso único casi en toda Europa. Chelsea, Juventus y Osasuna. ¿Les suena raro? Pues resulta que es cierto. El plantel navarro vive ahora el sueño del modesto aupado con merecimiento a lo más alto y comparte con descaro el liderato de la Liga con el mismísimo Barcelona. Y esta situación no es flor de un día.
Pero conviene no asustarse y sí confiar en las inercias futbolísticas que se desprenden del último duelo en San Mamés. ¿Acaso Bodipo, el autopretendido 'Pichichi', no ha empezado ya su cuenta goleadora? Ya se sabe que la relación de los delanteros con los goles es una corriente alterna, sequía y abundancia mezcladas al arbitrio de un loco. Los buenos deseos -éste, en concreto, es uno de ellos-, no pueden tapar otras virtudes con las que el Alavés ha logrado asomar la cabeza tímidamente de las llamas. Tan sólo un inoportuno esguince de tobillo durante el entrenamiento de ayer pone en cuarentena la participación del delantero sevillano en el duelo de esta tarde. Edu Alonso, con problemas musculares, también es duda. En todo caso, ninguno de los dos jugadores 'tocados' ha quedado fuera de la convocatoria para viajar a Pamplona.
Sistema sólido
El dúo Cos-Piterman volverá a alinear en Pamplona ese híbrido 4-1-4-1, que no se ajusta exactamente a su ideario del fútbol, pero sí se adapta a las necesidades del equipo y las exigencias de Primera. El dibujo quizás no dé demasiadas invitaciones al preciosismo, pero ha demostrado su viabilidad práctica. No es casualidad que con este esquema se ganase en Santander y Bilbao y se puntuase frente al Villarreal. Contra el Sevilla no resultó, pero no fue un mal encuentro.
El Alavés también dependerá en El Sadar de los detalles. Por ejemplo, de Nene, el mejor abrelatas en la plantilla albiazul cuando su tendencia al caos táctico no le convierte en una rémora. O de Costanzo, un guardameta que de continuar esta línea acabará sonando en los clubes más grandes.
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