Fue una junta que no tuvo nada de extraordinaria por mucho que llevara esta etiqueta, se liquidó en media hora -más de la mitad se fue en el recuento de los votos, el trastorno de siempre- y se desarrolló sin sobresaltos. Hubo 71 accionistas presentes en la sala de prensa de Mendizorroza y un capital del 64% de la sociedad y sólo dos, únicamente dos pequeños propietarios de acciones, se interesaron por lo que en la cita de anoche se trataba. El accionariado del Alavés perdió una inmejorable oportunidad de inquirir a Alfredo Ruiz de Gauna por el proyecto que lidera para sacar al club del atolladero.
El único que lo hizo fue Julián Lana, el azote presidencial. El integrante de Sentimiento Albiazul reclamó antes de proceder a la votación de la candidatura de Gauna que éste hiciera públicas sus líneas maestras. Una petición lógica para proceder después a emitir un voto con sentido. Fernando Ortiz de Zárate echó un capote a su sustituto y, ajustándose al orden del día, respondió que primero había que cumplir con el sufragio y que después el elegido ya se sometería a las preguntas de los presentes. Y así sucedió.
Antes de que Ruiz de Gauna se estrenara en el estrado con un cheque en blanco emitido por los asambleístas, otro se interesó por la composición del consejo, un trámite que ya se había cumplido con la lectura de la única plancha presentada. Acto seguido, Lana tomó de nuevo el micrófono e intervino por segunda y última vez. «La suerte del consejo será nuestra suerte», le dedicó al mandatario entrante.
El accionista prosiguió su discurso cuestionándole por su proyecto de deportivo y el plan de saneamiento para el Alavés, le pidió que se gane «la confianza» de las instituciones y el empresariado y le recordó que con el 28% del accionariado está en minoría aunque presida la entidad. Así que vino a advertir a Ruiz de Gauna de que acuda a la ampliación para garantizarse una propiedad mayor y evitarse disgustos futuros. En este sentido, Lana le reprochó que no haya apostado por «un consejo más plural» con la entrada de algún directivo social.
Y con esto se dio por terminado el cónclave albiazul, entre la sorpresa de algunos, la incredulidad de otros, pero, sobre todo, con el silencio unánime de la concurrencia. Nadie más quiso saber del delicado estado de salud por el que pasa el club de sus amores.
Agradecimiento del plantel
En esto, la plantilla del Alavés intenta mantenerse al margen de la actualidad extradeportiva porque, según explica Raúl Llorente, «nos estamos jugando mucho como para pensar en otras cosas». Pero es inevitable verse salpicado por acontecimientos como el de ayer, en el que Ruiz de Gauna se erigió oficialmente en nuevo presidente. «Hay que agradecérselo porque si no entraba él, no sé yo quién iba a coger el Alavés. Y el mejor agradecimiento es con resultados», apuntó el madrileño, uno de los capitanes, a modo de portavoz del vestuario.
Explicó, de hecho, que varios futbolistas se reunieron con el máximo accionista días antes de la junta y terminaron de convencerle de que tomara tal decisión. «Tenía claro que iba a entrar, pero parece ser que tenía alguna duda. Él habló con algunos jugadores que no conocía y le dijeron 'Alfredo, contamos contigo, haz el favor de entrar porque es importante que alguien coja las riendas del club'. Y finalmente se decidió a aceptar el reto», desgranó Llorente.
«Confiamos en él y contamos con su apoyo, pero él quiere que sea algo recíproco. Mete dinero y entra a dirigir el club, pero quiere que le ofrezcamos algo. A partir de ahí, ha habido más intensidad, más compromiso... Hemos visto un cambio en el equipo», concluyó el lateral madrileño.