Un balonazo en la cabeza en el calentamiento estuvo a punto de dejar sin jugar ante el Lugo a Igor Martínez. Finalmente lo hizo pero no en plenas facultades. Ni siquiera se acordaba del percance y ayer aseguró que el tiempo que estuvo en el campo corrió «como pollo sin cabeza». Medio grogui y con anécdotas. «Los compañeros me cuentan que le dije a Ruano que qué hacía sin cambiar, cuando ni siquiera estaba convocado por lesión».