Transcurridas diez jornadas ligueras, más de un cuarto de Liga, convendría ir aparcando la muletilla de equipo en construcción. Deberían empezar a verse ya las hechuras, el bloque. Aunque Javi Pereira sigue pulsando teclas en busca de su conjunto ideal. Incluso de estilo ideal. Porque el técnico albiazul ha retocado varias veces el dibujo táctico -lo volvió a hacer ayer- y no ha repetido alineación en ninguna de las diez primeras jornadas ligueras.
Esto, a priori, no es ni malo ni bueno. Es un dato. Lo importante es que el entrenador tenga las ideas claras a la hora de introducir cambios. Y eso sólo lo sabe él. Pero ante el Eibar el Alavés dio la impresión, por momentos, de no saber del todo bien a qué jugaba. Todo lo contrario que su rival.
De entrada, el esquema volvió a cambiar. Del 4-1-4-1 de los dos últimos partidos al 4-4-2 de principio de temporada, que en algún partido también fue un 4-2-3-1, con Igor Martínez como mediopunta. Y los sistemas los hacen buenos los jugadores, los numeritos sólo valen para posicionarse de inicio y después son el partido y el balón los que llevan a cada uno a su sitio; pero mientras el Eibar mantenía el orden con una basculación defensiva perfectamente sincronizada, las piezas albiazules comenzaron a pulular por el tapete con cierto desbarajuste.
Sorprendió, por ejemplo, la alineación de Diego Segura en la banda izquierda. Porque, aunque Pereira argumentara después que ya había jugado antes en esa posición, el andaluz no es un jugador de desborde en el carril, sino de trazar combinaciones entre líneas. Su juego debe estar más en contacto con el balón.
Como deberían estarlo Dani Bouzas y Geni, dos jugadores presentados como piedras angulares del equipo y fijos para Pereira, pero que no terminan de dar todo lo que se espera de ellos. El gallego enlaza y dirige, pero de manera intermitente. Y el asturiano, aunque actúa bien cuando aparece, apenas entra en juego. En la segunda parte de ayer pasó absolutamente desapercibido.
Equipo partido
Y eso que el técnico retrasó su posición inicial cuando Castells se lesionó y Romerito pasó al eje de la zaga. Entonces Bouzas se quedó como único pivote -demasiado terreno para él solo- y Segura y Geni realizaron tareas de mediopuntas por detrás de Igor Martínez. Otra alternativa que tampoco funcionó.
Con la entrada de Reguero, toda la carne en el asador, el equipo volvió a los dos puntas, pero con rombo en el centro del campo en lugar de dos pivotes. Tampoco así.
Y el equipo acabó roto. Partido por la mitad. Lo estuvo durante casi toda la segunda parte. Con cinco jugadores abajo y cinco arriba. Así es difícil hilvanar jugadas. Y sencillo para el Eibar controlar el juego sin pasar apenas apuros.