Hacía casi siete años que el presidente del fútbol español no se veía en privado con la directiva del Alavés, desde que Ángel María Villar acudió a la inauguración de las instalaciones El Glorioso, en Betoño, el 16 de diciembre de 2001. Entonces, la casa albiazul, comandada por Gonzalo Antón, se paseaba como subcampeona de la Copa de la UEFA. Eran tiempos de boato. Hoy, ni siquiera disfruta ya de ese complejo deportivo que él contribuyó a adecentar y dignificar porque el Ayuntamiento rompió la cesión de uso como castigo a Dmitry Piterman, pena que finalmente purga la entidad, sus futbolistas y su hinchada, no el ucraniano, refugiado en su mansión de California.
A Villar se le recordó ayer el acontecimiento de Betoño, uno más de los muchos a los que le llaman para cortar cintas y bendecir instalaciones. «El Alavés estaba en la 'cremme de la cremme' del fútbol europeo», rememoró el presidente de la federación, una de las muchas personalidades que siguieron desde el palco la final de Dortmund.
De entonces a hoy, el club vitoriano ha vivido lo inimaginable y ha pasado por situaciones esperpénticas hasta pagar caro el dislate directivo de Piterman. Después de lamentar diplomáticamente lo sufrido por el equipo albiazul en los últimos tiempos, Ángel María Villar le deseó lo mejor, y así se lo hizo saber también en privado al grupo dirigente de Ortiz de Zárate. «Espero sinceramente, de verdad, que el Alavés mejore su situación y que muy pronto le veamos de nuevo en Primera División».