El Alavés se salió anoche de la ronda de Copa a la carrera, en siete minutos, los que gastó para conceder un primer gol al Elche antes de malgastar el resto del partido a tirones y despedirse de una competición a la que entró sin grandes pretensionesy la abandona con poco fuste. Se apeó el solo. Una genialidad del otrora bético Dani, un peligro toda la noche -he aquí un rematador-; un desajuste defensivo marca de la casa vitoriana y un trallazo de Dani Fuster sin entrar en el área bastaron para provocar la eliminación de un Alavés con mucho por mejorar aún hasta ofrecer su mejor cara, que la debe tener.
Que al conjunto de José María Salmerón le marquen en frío, en el cruce de apuestas, con el público tardío sin asiento, dejó hace tiempo de ser noticia. Hasta en la pretemporada lo sufrió frente a su gente con el Zaragoza de invitado a la lucida presentación. Perniciosa tendencia que se contagia, al parecer, de una temporada a otra con distintos protagonistas en albiazul, curiosamente, y que amenaza de nuevo ruina para un equipo necesitado además del gol, un bien del que carece de momento.
Al Alavés despistado le jugó una mala pasada el reloj cuando mejor pinta tenía su puesta en escena en el Martínez Valero. Porque en el arranque de la contienda se exhibió con bravura, la que personificó Igor, más estilete que Pedraza, éste en fase de acoplamiento, ante las dudas iniciales de la zaga local. Sometido a un dibujo de 4-2-3-1, el técnico albiazul había dispuesto un once titular con seis jugadores nuevos respecto al estreno de Liga en Salamanca. A saber, Bonis, Mateo, Raúl Llorente, Ioritz -acompañante de Astudillo en el mediocentro-, Cuevas y Jacobo.
Sin creación
Con todo, el fútbol fue más del Elche, por posicionamiento y por capacidad individual. También por convencimiento. Y de ahí que sus presencias en el área de Bonis depararan en suma más acciones de peligro. Sin un referente para gobernar el balón, con un centro del campo dispuesto a modo de trinchera, el Alavés tiró así de impulsos al encuentro de su adversario franjiverde. Debió dejar la creación para mejor ocasión. Para luego. En consecuencia, al Elche tampoco le costó demasiado administrar su temprana renta en el marcador y enredar en busca de una mayor ventaja para su total comodidad. Antes del descanso la pudo lograr con otro zapatazo, éste de Zubiaurre, y una falta que desvió Bonis.
Del Alavés apenas se supo en el tramo final de la primera mitad, siempre a merced de lo que dispusiera el local sobre el tapiz. Lo mejor lo dejó para después, para otro arranque de furia que lo prolongó en el tiempo, le dio aire a su juego, aunque se quedó sin rédito. Para entonces el equipo se había reorganizado con Ioritz de central, Emilio Sánchez al mando de las operaciones y Javi Guerra a la caza de un balón de gol. El Elche le ofreció un duelo abierto, de ida y vuelta, y el plantel vitoriano, a la contra, aceptó el desafío. El graderío disfrutó de lo lindo con ráfagas de buen juego.
Pudo marcar cualquiera, aunque más cerca de conseguirlo estuvo el Alavés con su pareja de ofensiva, Igor y Javi Guerra. Pero entre el desacierto albiazul en el remate resurgió envalentonado un Elche que otra vez había dado muestras de fragilidad defensiva, denunciada por su entrenador, David Vidal, a las primeras de cambio, después de perder en casa con el Eibar en el último minuto del estreno liguero.
No era la de ayer noche para más sustos en el Martínez Valero. El Alavés que había acariciado la igualada acabó por conceder el segundo tanto para ya abandonar la eliminatoria. Dani tiró de repertorio. Ganó la espalda a Kalderon y colocó el balón lejos de los brazos de Bonis. Espléndido tanto. Minuto 70. Eliminatoria solventada.
Final sin más
Para alivio del Alavés el árbitro bien pudo tener como deferencia el pitido final, pero quedaba tiempo de por medio y la Federación obliga a jugarse. Minutos que sólo sirvieron para agrandar las diferencias. Para poner de manifiesto la superioridad del Elche, que tuvo hasta tres ocasiones más para redondear su marcador, y las debilidades del cuadro vitoriano, apenado tanto en defensa, desatinado en plena ofensiva ilicitana, como en ataque. Con mucho por perfilar. Se libró Bonis del desbarajuste final.
La Copa del Rey, otras veces de alegría albiazul, duró en esta edición lo que duró, casi nada para el Alavés, que tampoco aspiraba a ganarla, aunque terminó casi por despreciarla después de noventa minutos de bajo perfil. Sin más tragos entre semana, al cuadro de Salmerón ya sabe qué le queda, mejorar para la Liga.