Miguel Pérez cogió sobre la marcha el último tren, el del Levante, que le permitirá seguir jugando en Segunda División, pues en el Alavés lo tenía francamente complicado. «No me lo creo», confesó ayer a Punto Radio, sorprendido aún por la oferta de un «grandísimo club, donde me esperan con los brazos abiertos. No veo la hora de llegar. Al Levante no se le puede decir 'no'».
Antes de personarse en Valencia debió despedirse del Alavés. «Me voy en contra de mi voluntad, pero cuando te abren la puerta, tienes que marcharte». Lo hace, pese a todo, «contento», porque de albiazul «estaba muy a gusto, feliz, implicado con el proyecto montado por Fernando Ortiz, igual que cuando estaba Dmitry», quien lo fichó, pero después fue el actual presidente el que le renovó por dos años. «No me gusta molestar. Me voy feliz, aunque no quería irme» de Mendizorroza, significó.
Se lleva recuerdos, entre ellos el centro que le dio a Toni Moral en la remontada a la Real. «Me siento orgulloso de haber mantenido al Alavés».