A base de pico y pala el Alavés excavó ayer en Salamanca la trinchera desde la que defendió el primer punto de la temporada. Siempre más lejos de la victoria que de la derrota y tan esforzado como falto de claridad, resistió en pie en un ejercicio de voluntarismo que le permitió sobrevivir al partido del pánico. Ese estreno liguero donde, al margen de las sensaciones futbolísticas, abandonar el césped con las manos vacías obliga a pedir cita con el psicólogo después de la feria veraniega que cada año se escenifica en los partidos de pretemporada.
Aunque con apuros en varias fases de un duelo con intenso olor a cloroformo, el cuadro vitoriano dio el primer paso en el máster de competitividad que necesita aprobar en los próximos meses. Porque de batacazos en duelos de pelaje similar al desarrollado en el Helmático se encuentra repleto el expediente albiazul de la última campaña. Esta vez, apoyado en el acierto puntual del debutante Bonis, la concentración a balón parado y la falta de pegada de un rival fiel a su elegante estilo combinativo, de una manaña espesa nació un agradecido empate.
Garitano y Pedraza
Pese al mes y medio de preparación, el Alavés compareció en Salamanca entre hilvanes. Y, en dos decisiones que hablaron por sí solas, Salmerón optó por incrustar a Garitano en el centro de la defensa -con Casar lesionado, Mateo se quedó en el banquillo- y concedió la titularidad al recién llegado Pedraza, dejando sin debut al canterano Reguero, único punta durante la pretemporada por la falta de contrataciones hasta la semana final del mercado. A la lógica falta de adaptación de un grupo que aún balbucea en cuestiones ofensivas mientras trata de convertirse en un conjunto solvente, se unían las dificultades procedentes de un once novedoso respecto al que había concluido el verano.
Las novedades se saldaron con un notable para Garitano, que pertenece a esa estirpe de futbolistas que tendría dificultades para relajarse en un partido entre amigos. Bombero ante la decisión del técnico de alinearle como improvisado central, achicó agua al tiempo que ordenaba a sus compañeros que extendieran la manguera. Con el vitoriano César, posiblemente el mejor albiazul del encuentro, se encargó de sostener la línea defensiva y formar un dúo casi siempre pleno de oficio que colocó una malla de protección sobre el área cuando el Salamanca intimidaba.
Para Pedraza, el estreno con la camiseta alavesista resultó un ejercicio atlético e infructuoso por recibir una balón en las mínimas condiciones. Desde el comienzo el conjunto local se adueño de la pelota hasta convertir el partido en un monopolio territorial. Con una zaga adelantada el Alavés reducía espacios y juntaba sus líneas, aunque su escasa recuperación en zonas de peligro y la paciente elaboración del adversario le colocaba en problemas. Cuando llegaba la hora del contragolpe o de mantener la posesión, el cuadro vitoriano se atropellaba. Precipitado en la salida, quería llegar al área rival por la vía rápida, que ayer resultó la más lenta.
Lesión de Bernardo
Tampoco las circunstancias ayudaron al Alavés en una primera parte dedicada casi en exclusiva a evitar vías de agua en el sistema defensivo. Por una de ellas, la banda de Albacar en los primeros minutos, se coló Isaac para servir al corazón del área. Azkorra remató, Bernardo envió la pelota a córner, pero el posterior rodillazo acabó con el guardameta albiazul en el vestuario. En apenas diez minutos el Alavés se quedaba sin un cambio y colocaba ante los focos a su cancerbero francés. Bonis, impreciso con los pies tras saltar al césped casi en frío, utilizó después sus manos para salvar al equipo en acciones puntuales. Sobre todo en un zapatazo explosivo del fino Botelho que sacó con un despeje de categoría.
Al Alavés, que antes del descanso y aferrado al sufrimiento apenas le dio para contener, pareció abrírsele un hueco en el partido tras el paso por el vestuario. Su intensidad le permitió entonces ganar balones divididos y también apareció un juego más reposado en el centro del campo. Moreno, siempre bullicioso aunque demasiado aislado, fabricó una internada que concluyó con disparo intencionado de Emilio Sánchez. Dos minutos más tarde otro balón atrás de Pedraza finalizó en un remate desviado de Astudillo. Moreno, con dos recortes en el área, añadió poco después la sensación de que todo podía cambiar.
Pero poco a poco el partido viró de vuelta hacia la primera mitad. Mateo entró por Igor para que Garitano se colocase como pivote y Moreno cambiase la mediapunta por la banda derecha. Minutos después Cuevas ejerció de punta tras la sustitución de Pedraza. El conjunto alavesista, físicamente justo ante un adversario que abre el campo y obliga a recorrer kilómetros fio todo ya al empate.
Concedió entonces faltas en exceso y acabó prácticamente bajo palos. Entonces, varias acciones de peligro se sellaron solo con sustos y el Alavés respiró. Un punto y mucho trabajo por delante para ensamblar un equipo aún en mantillas.