El repaso guipuzcoano durante la primera parte, que acabó en 0-2, como pudo finalizar con un resultado bastante más amplio, colocó al equipo albiazul ante un espejo que deformó su figura. Si ante el Zaragoza, un adversario amable en Mendizorroza, el cuadro albiazul ofreció detalles esperanzadores, el tradicional Trofeo Villa de Laguardia sirvió para confirmar que existe aún mucho que ajustar, en cuanto a confección de plantilla y contundencia en el juego, para competir con garantías en la exigente Segunda División.
El pitido inicial y el primer gol eibarrés sonaron casi al unísono. Con el equipo albiazul prácticamente en el vestuario, del que por momentos pareció no haber salido durante los 45 minutos iniciales, Toquero aprovechó la pasividad alavesista para batir a Bonis a los 30 segundos. El Eibar, pura intensidad en la media hora inicial, arrollaba en todas las parcelas. Con mejor colocación para llevarse todo tipo de rechaces en el centro del campo y velocidad y precisión en sus salidas, destrozó el sistema defensivo. Toquero desquiciaba a los centrales y el interior zurdo Cases convertía su banda en una autopista.
A cambio, el cuadro vitoriano, con el teórico once titular a falta de los últimos fichajes, apenas aportaba acciones ofensivas. Engullido Emilio Sánchez por el alto ritmo del encuentro y sin la mínima opción general de superar la presión del adversario, todo el voltaje ofensivo se redujo en esa fatídica primera mitad a un mal despeje del guardameta rival que Toni Moral trató de convertir en gol con una vaselina fallida. Entretanto, Germán rozaba el 0-3 poco después de la media hora.
Pequeña reacción
Era cuestión de tiempo que el Alavés despertase mínimamente, porque el partido amenazaba con una goleada. Desde la intensidad y con un Eibar que introdujo nueve cambios al descanso, el cuadro vitoriano cambió de cara tras el paso por el vestuario. Metió por fin algo de ritmo al encuentro. Equilibrada la batalla en el centro del campo, aparecieron también las bandas y a través de Igor y Toni Moral los acercamientos hasta la meta rival.
Reguero no acertó en un remate clarísimo, pero sí Igor poco más tarde tras recibir un balón en profundidad de Garitano y cruzar la pelota con su pierna izquierda. El Alavés, que dominaba entonces la situación, recibió pronto el mazazo definitivo. Otro desajuste defensivo permitió a Goiria escaparse solo y batir de nuevo a Bonis. Ahí concluyó el duelo, apenas alterado ya en el tramo final por dos remates de De Marcos.
Un 1-3 doloroso por la cercanía del inicio de la competición y, sobre todo, debido al sonoro batacazo de la primera parte ante un adversario de los que se estilan en Segunda. A falta de una semana para el debut liguero, el Alavés dejó ayer patentes sus importantes carencias.

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