El Alavés se adjudicó ayer el primer trofeo Caja Laboral en un partido donde dejó un buen poso a sus seguidores. Ante el Zaragoza, una de las referencias de la categoría en la presente campaña, el cuadro albiazul fue capaz de remontar un gol en frío y, a base de espíritu colectivo y detalles de buen fútbol, obtener un triunfo más que merecido. Dominó prácticamente de principio a fin, aunque tuvo que esperar al último minuto para que Toni Moral hiciera la diferencia en un penalti.
El partido había amanecido entre brumas. Por la primera rendija se coló el Zaragoza hasta la red albiazul. Sin cumplirse el primer minuto, un balón largo de Ayala se filtró entre los centrales y Ewerton, pleno de calidad, lo cazó al vuelo con una volea inapelable por encima de Bernardo. La amenaza latente de una plantilla con cartel de Primera estalló en Mendizorroza. Aunque lejos deslumbrar al Alavés, el fogonazo le sirvió para redoblar su ímpetu y desarrollar un trabajo colectivo que poco a poco acható a las estrellas aragonesas y colocó el partido en las mejores condiciones.
Comenzó a funcionar el cuadro albiazul a base de intensidad y de imponerse en casi todos los balones divididos. Con mucha recuperación y continuación de las jugadas gracias a la fortaleza de Astudillo, el sentido táctido de Garitano y un trío de mediapuntas que siempre resultó dinámico. Igor incordiaba por la derecha a base de velocidad, Emilio Sánchez volvía de dejar destellos de clase y Toni Moral, asociado con Raúl Llorente, dotaba a la banda izquierda de una profundidad notable.
Siempre bajo control
Ante un Zaragoza contemplativo y que en la primera parte no volvió a dar señales de vida, aparecieron las ocasiones. Con muchas llegadas hasta el área, incluidas las numerosas faltas y córners que concedía un rival desbordado y hasta marrullero. La superioridad alavesista durante esta fase era incuestionable. Sin errores en defensa, con anticipación en todas las parcelas del césped, orden, buen ritmo y sólo a falta de precisión.
La visible desesperación del técnico visitante Marcelino aumentó en un tramo final donde el Alavés obtuvo el premio merecido. Después de intentarlo de todas las maneras posibles, el cuadro albiazul acabó con la resistencia de López Vallejo. Fue en un saque de banda largo que peinó Astudillo. El joven Jonathan Reguero cazó una pelota donde mezcló oportunismo y calidad. Con un defensa en la espalda y cayéndose hacia atrás, cruzó la pelota con el exterior del pie al palo contrario.
Tras el descanso el Zaragoza optó por introducir siete cambios mientras el Alavés mantuvo su estructura. En esas condiciones, el cuadro vitoriano siguió siendo más equipo que un rival sólo pendiente del contragolpe con Oliveira y Sergio García. Albacar con un soberbio zurdazo desde 35 metros hizo el 2-1 y Oliveira empató de inmediato en un dudoso penalti. Otra pena máxima anotada dos veces por Toni Moral hizo justicia. Más allá del resultado y siempre con las precauciones que dicta la pretemporada, el Alavés dejó ayer una imagen para la ilusión.