Las sensaciones que se extraen de los primeros amistosos de pretemporada no pueden ser concluyentes. Sólo cuando un equipo carbura muy bien o muy mal pueden serlo. El Alavés no está en ninguno de esos dos extremos, es un bloque en construcción que acusa la lógica falta de chispa de estas alturas de verano. Así lo puso de manifiesto ayer en Lakuntza, donde evidenció un superior nivel que el rival, Osasuna B, pero no pudo plasmarlo en el marcador (1-1). El empate no debe hacer saltar ninguna alarma. Quizás sea un toque de atención porque, evidentemente, quedan muchas cosas por mejorar y faltan piezas por encajar, pero también hay detalles para la esperanza.
Faltó remate y sobró imprecisión, tanto en el pase como en los ajustes defensivos, y el equipo acusó el cansancio acumulado de los entrenamientos. Pero también se derrocharon ganas, buenas intenciones tácticas y técnicas y desparpajo de los jóvenes del filial, que se dejaron ver ante Salmerón.
Éste apostó de salida por un dibujo 4-2-3-1, con Lacen y Emilio por detrás de Moreno. A la espera de verle competir, el organizador procedente del Jaén tiene clase con la batuta. Y el mediopunta es un buen enlace, crea peligro. Pero los albiazules no trenzaron jugadas de riesgo para el arco rival.
Éstas tuvieron que llegar en acciones personales, pero ni Igor, ni el propio Moreno, ni un activo Toni Moral -la más clara- acertaron con la portería navarra. La puntería corrió a cargo del filial rojillo, que se adelantó en el marcador en su primera oportunidad del partido, al borde del descanso. Un balón perdido en el centro del campo por el ofensivo Albacar, seguro durante el resto del choque, propició un balón entre los centrales que Omwu convirtió en gol en una definición perfecta ante la salida de Bernardo.
Frescura canterana
La segunda parte ofreció más cosas. Entre otras, que Igor aporta mucho más pegado a la banda o como segundo delantero que como referencia ofensiva, como actuó en la primera mitad. El vitoriano se asoció al desparpajo de Óscar de Marcos por la izquierda y a la movilidad de Jonathan Reguero en punta para dotar de mayor frescura al ataque alavesista. El ímpetu de los canteranos y el cambio de sistema en el centro del campo -Garitano como pivote, por detrás de Moreno y Lacen- le dieron el control de la pelota a los vitorianos, pero seguía faltando remate.
Tanto es así que el empate sólo pudo llegar tras un barullo a la salida de un córner, cuando Pinilla, otro canterano, aprovechó la pelea de Garitano desde el suelo para meter la punta del pie y equilibrar la contienda. Igor tendría aún otra oportunidad para desnivelar la balanza, pero no atinó y el segundo amistoso acabó en empate.