«Se acabó mi etapa en el Deportivo Alavés. Me voy». Gaspar Gálvez liquidó ayer su vinculación con la entidad vitoriana al rescindir su contrato -expiraba el 30 de junio de 2009- a cambio de obtener la carta de libertad sin compensación alguna por su parte.El defensa parte rumbo a Córdoba, al equipo de su tierra, con el que previamente había pactado su fichaje por dos temporadas, una más de lo que tenía aquí. Es lo que gana. Esta mañana se despide de sus compañeros en las instalaciones de Ibaia, coge los bártulos y pondrá carretera de por medio con destino a Andalucía.
El Alavés pierde a un futbolista con el que contaba para jugar pues agradaba su rendimiento, aunque le abrió la puerta de salida por tener un sueldo oneroso para su ajustada tesorería. La entidad se deshace, por tanto, de unas de las fichas más altas de su primera plantilla. Aligera gasto así. Una nómina gravosa en tiempos de economía de guerra, la que preside en el paseo de Cervantes desde hace un año. El caso guarda cierta similitud con el de David Aganzo. Sólo que con éste la directiva de Fernando Ortiz de Zárate confiaba en sacarle un rédito a modo de traspaso y finalmente se tuvo que contentar simplemente con un ahorro, los euros pendientes de cobro que perdona el madrileño para ser ya delantero del Rayo Vallecano y la liberación de otro salario relevante.
Gaspar cede de igual manera. O renunciaba a su contrato o se quedaba en Mendizorroza en contra de su voluntad. Pierde ingresos en la jugada. Deja en suspenso una partida debida, supuestamente, por el Alavés recogida en el concurso de acreedores -75.000 euros-, aunque la casa albiazul también le compensa con una indemnización -15.000 euros- por su salida, y se une por contrato a un Córdoba que le rebaja la ficha respecto a la albiazul. Pero le da dos años de fútbol. El central andaluz acaba de cumplir 29.
El Alavés y Gaspar se despidieron por la tarde con un hasta pronto. En septiembre se verán las caras en el Juzgado de lo Mercantil por una discusión en torno a la deuda que le reconoce la administración concursal. El juez dictará sentencia, pero antes las dos partes ya han mostrado su disparidad de criterios. Son 75.000 euros que Piterman prometió al jugador en un documento al que no puso firma. Lío al canto.
Recelo en el adiós
Gaspar puso ayer buena cara a su adiós, aunque parte a su hogar cordobés con un malestar que prefiere dejar en el aire. Recuerda que hace un año rebajó su salario notablemente y censura hoy, en la salida, que «no haya sido recompensado como esperaba». Afirma que marcha «sin rencor», aunque también lamenta que «las palabras se las lleva el viento», velada crítica al consejo de administración. «Ya he aprendido para otra vez».
Mira atrás y observa un pasado de «tres años muy difíciles», con un descenso a Segunda, dos temporadas más de máximo sufrimiento y la figura imborrable de Piterman. «Vine con mucha ilusión» y viaja «a casa con cariño». «Me he sentido respetado por la afición y también por el Alavés. Dejo amigos y les deseo lo mejor, que el club vuelva a lo que fue».
Ya le aguarda el Córdoba, que le ha esperado semanas, hasta el límite. «Vuelvo con mi gente. El Córdoba es un club al que le tengo cariño». Ayer mismo, casi a la par que el Alavés despedía a Gaspar, en El Arcangel se le daba la bienvenida.