Igor Martínez vive a sus 19 años recién cumplidos su primera pretemporada como futbolista profesional. «Dura, porque a este nivel conlleva mucho trabajo y más sacrificio», reconoce el vitoriano, totalmente «integrado» ya en el vestuario, aunque «siempre queda el rollo de jugador del filial». Sabe, en cualquier caso, que la etiqueta de joven canterano no dura para siempre y que este año tanto el club como la afición le van a pedir más. Y él mismo también se exige una mayor aportación que en el ejercicio anterior. Sabe que está ante la campaña de su confirmación balompédica.
«El año pasado fue complicado porque acababa de empezar y esta temporada me quiero poner metas más altas. La gente me va a pedir más y lo entiendo», reflexiona el delantero albiazul. Los primeros días de entrenamiento le producen buenas sensaciones. «Me estoy encontrando bien, quiero el balón y me siento a gusto», analiza. De momento, además, es uno de los pocos delanteros de la plantilla albiazul después de la marcha de Aganzo. Lamenta la salida del madrileño porque «es un gran jugador», pero reconoce que le otorga «más posibilidades».
A nivel colectivo, aunque admite que el ambiente puede resultar «un poco rarillo» por el futuro incierto de varios jugadores, cree que se está haciendo «un buen trabajo diario». Y pide un deseo: «salvarnos cuanto antes y luego, si se puede, ya tiraremos para arriba».