Gaspar Gálvez navega entre dos aguas. Por contrato está unido al Alavés hasta el 30 de junio de 2009, pero sabe también que llegado el caso se le abriría la puerta de salida de Mendizorroza. La entidad albiazul está dispuesta a liberarse de la alta ficha del central cordobés, aunque también celebraría su continuidad en la plantilla si la llamada de otro club no contenta a las partes. Deportivamente se cuenta con él.
«Tengo contrato y mi mente está aquí. Me queda un año, me gustaría cumplirlo, pero no sé qué puede pasar. Llevo tres campañas muy a gusto en Vitoria, aunque también tengo que pensar en mi futuro y el de mi familia. Si llegara una oferta interesante para el club y para mí, se buscaría una salida». Mientras, piensa en albiazul. «Soy del Alavés. Tengo la cabeza puesta en este equipo», zanja en espera de acontecimientos venideros. Por lo demás, el andaluz entiende como «normal» que se hable ahora de fichajes y bajas. «Todos los veranos son así».
Exigencias
Éste, al menos, es diferente al anterior en el Alavés, cuando el traspaso de poderes en la presidencia y la declaración de concurso de acreedores alteraron la pretemporada de la primera plantilla. «Aquellos problemas se dejaron notar después en el inicio de Liga». Sólo tres empates en la seis primeras semanas de competición. Hoy, con todo en orden, es deseable «que las cosas vayan bien» en la casa vitoriana.
Los rigores de los primeros días de trabajo se dejan sentir en las piernas de los futbolistas. «Después de un mes de vacaciones, la gente empieza poco a poco. Es normal que aparezcan las agujetas, las rozaduras». Forma parte de la exigente preparación veraniega. «En un mes y medio tenemos que ponernos a tono para llegar al inicio de campeonato lo mejor posible. Sabemos que va a ser duro, no agradable, pero hay que hacerlo con empeño».
«Venimos de vacaciones. El cuerpo está acomodado y los entrenamientos son largos», resume Gaspar. «Hay que poner la condición física a punto. Estamos trabajando bien», confiesa uno de los veteranos del Alavés.