Después de más de una década fuera del hogar y una dilatada trayectoria futbolística que comprende seis equipos, César Caneda -nombre futbolístico en recuerdo de su madre, fallecida hace más de dos años- vuelve a Vitoria para quedarse. Su pasado aurrerista le ha costado más de una broma, pero se confiesa «encantado» con su fichaje por el Alavés, al tiempo que admite que siempre ha sentido «un poco de envidia» por acabar jugando en casa a nivel profesional.
-¿Qué siente trabajando sin moverse de Vitoria después de tantas vueltas?
-Sobre todo por mi familia. Han sido muchos años fuera de casa y los seres queridos te hacen ver lo a gusto que estás en tu tierra. Igual, cuando estás aquí, no lo valoras. Me ha llegado ahora, que ha sido la única vez que ha habido interés por parte del Alavés por mi contratación, y estoy encantado de estar aquí. Ya conoces la ciudad, la gente, tienes tu familia cerca... La estabilidad que te da todo esto no la tienes en otras ciudades por muy bien que estés en ellas.
-Vestir la camiseta del equipo de su ciudad debe ser un gran aliciente.
-Sí. Yo nunca había estado en este club, en el Alavés. Antes estuve en el Aurrera y mirabas al Alavés con algo de envidia. Pese a que las instalaciones de Olaranbe están muy bien, éstas siempre tenían algo más -por Ibaia-, estaba el equipo profesional, la cobertura de los medios informativos, la afición... Tuve que salir, me fui a Bilbao, al Athletic, y siempre te queda el gusanillo ese de un poco de envidia por estar en tu casa, jugando en Segunda e incluso en Primera. Ahora estoy encantado.
-Ya le habrán hecho bromas por su pasado en el Aurrera y el Athletic.
-Sí, sí. La gente conocida, la familia, los amigos... Ya antes se metían conmigo cuando hablaba del Alavés, que vaya envidia y tal. Siempre surgen esas bromas. Es bueno.