Me resulta difícil imaginar que la silueta esbelta del 'Chopo' Garmendia deje de ser habitual por los campos de Ibaia. Como igual de raro y difícil se le debe hacer digerir una sentencia que le llegó no sé si de forma inesperada, pero sí como un duro golpe de asimilar después de una temporada de poner el pecho a una lucha desgastante hasta el último suspiro.
No es para menos, son diez años que dedicó enteramente al club por el que siente devoción. Años de sufrir en categorías menores, de acompañar el crecimiento de futbolistas desde la cantera, de pulir defectos y reafirmar virtudes. De soportar penurias, festejar logros, crecer deportivamente de forma sacrificada y paciente hasta alcanzar la meta de llevar al Alavés a la Primera División (fue partícipe activo en la época dorada acompañando a Mané y Ondarru por quienes siente un gran respeto, admiración y agradecimiento) hasta cumplir el sueño de disputar una final de UEFA ante el mismísimo Liverpool y por esas cosas del fútbol quedarse a poco de conquistarla.
El mismo hombre que toda la experiencia que acumuló como portero profesional (siempre nos recordaba que fue compañero del gran 'Zubi' en su etapa alavesa) la volcó abiertamente a la mejora de quienes tuvimos la suerte de estar bajo sus órdenes. Maneja conceptos claros y sencillos, su filosofía metódica de trabajo se basa en respetar las características de cada portero y no imponer nada, intentaba mejorar habilidades con el pleno convencimiento que las cosas se hacen por una razón. Cada ejercicio, cualquier corrección venían respaldados por una explicación argumentada con ejemplos prácticos extraídos de los partidos y expresada con el tacto necesario para ser constructiva, bien recibida.
Equidad
Más allá de sus virtudes en la parte específica de entrenamiento para un puesto tan exigente, creo que lo más destacable de su labor consistía en prestarle igual o mayor atención al suplente que al titular. Esto habla muy bien de su trabajo, porque quien no juega es el que necesita mayor contención anímica, que le estén encima para mantener el nivel de rendimiento, motivación y así promover la competencia leal. Siempre se preocupó por mantener la cohesión, el buen ambiente sin perder el objetivo de excelencia requerido en la élite.
No se puede restar importancia a la no menos relevante función de segundo entrenador que se vio obligado a ejercer en momentos críticos cuando las circunstancias así lo requirieron. Una vez más puso su ferviente empeño en solucionar problemas, colaborar en tareas que no le correspondían pero que aceptaba con entusiasmo, como realizar las sesiones con aquellos jugadores descartados de los desplazamientos y concentraciones del primer equipo, hacer informes de rivales, seguimiento de porteros interesantes en el futuro.
Saber escuchar
También debo admitir a título personal que echo de menos las largas charlas que teníamos, tanto de temas profesionales o bien de cuestiones personales. Hay que saber escucharlo para poder extraer grandes enseñanzas de su dilatada trayectoria en el fútbol y en la vida.
Por eso me duele leer en la prensa que está decepcionado, porque ante todo están las personas, como siempre dijo frente a cualquier injusticia que se presentara. Porque Alberto seguramente entiende que se le releve en su cargo como un proceso de renovación total que está cumpliendo el club. Lo que no debe terminar de asimilar es que no se le diese una explicación razonable a la cara, un comunicado oficial, la posibilidad de seguir formando parte de la estructura del Glorioso después de una vida dedicada a formar parte de la historia viva del Alavés. Porque a veces tan vital como el mensaje lo son también las formas y éste es un punto básico que no debe descuidar un club que se precie de respetable.
Desde aquí le doy las gracias y le deseo lo mejor a Alberto Garmendia, al profesional y al amigo.