César Fernández de las Heras añadió a su camiseta su segundo apellido, Caneda, en homenaje a su madre, fallecida hace dos años. Siempre la ha considerado una figura fundamental en su carrera. Ahora, la familia vuelve a marcar su trayectoria.
Tenía ofertas superiores económicamente, como las del Córdoba y del Nástic, pero se ha decantado por el Deportivo Alavés, porque «estar en casa no se paga con dinero». Han sido «muchos años fuera» desde que dejara Olaranbe, su cuna futbolística, para formarse en Lezama y en su decisión «ha primado lo deportivo y lo familiar».
Después de prestar sus servicios en el Aurrera, el Athletic -con el que debutó en Primera y en la 'Champions'-, el Salamanca, el Sevilla, el Racing, el Eibar y el Cádiz, con 30 años le llega la oportunidad de defender la camiseta del primer equipo de su ciudad. «Me ha costado mucho llegar aquí y no me han tenido que convencer para venir. Sí había otras ofertas económicamente mejores, pero estar aquí, con tu familia... Cuando estás fuera lo echas en falta y es un paso adelante en mi carrera», explicó ayer el vitoriano en su presentación. Después se vistió la elástica albiazul y dio sus primeros pases en Mendizorroza con sus dos hijos. Un tipo familiar.
Familiar también para Javi Pérez, que le conoce de su paso por Ipurua. Fue hace tres temporadas, coincidiendo con el descenso a Segunda B del conjunto armero, pero el vitoriano caló hondo en el responsable de diseñar la nueva plantilla albiazul. «Es un fichaje que me alegra. Es un buen jugador y, sobre todo, una buena persona. Nos puede aportar muchas cosas: experiencia, profesionalidad, trabajo, implicación y lucha por este equipo», señaló el director deportivo alavesista.
Más central que lateral
El protagonista aceptó el reto y anunció «trabajo, implicación y regularidad», sus principales virtudes, a su juicio. También esa polivalencia que le permite actuar tanto de lateral derecho como en el eje de la zaga, si bien él se decanta por la posición de central, porque «es donde mejor rindo». Expeditivo y rápido en el corte, puede ayudar también en la salida de la pelota. Le gusta, en la medida de lo posible, rasear el cuero, reminiscencia de sus tiempos de centrocampista en la carretera de Otazu.
En lo colectivo apuesta por la «humildad en el trabajo» y por la unidad del grupo, no se ve con galones por su calidad de vitoriano ni los pretende. Y, sobre todo, no quiere hablar de objetivos porque «la Segunda División es muy difícil» y siempre salpicada de «decepciones».
Su memoria tiene fresco el ejemplo del Cádiz, donde ha sido un fijo durante las dos últimas temporadas. Un equipo «hecho para ascender» y que dio con sus huesos en Segunda B en la última jornada de Liga. Su segundo descenso a la categoría de bronce. El anterior le costó 90.000 euros de su bolsillo para dejar el Eibar y fichar por el Cádiz.
«Enganchar a la gente»
Una de las metas, en su opinión, debe ser «volver a enganchar a la gente» después de unas temporadas traumáticas. Desde la distancia vivió con «mucha pena» la 'era Piterman'. «El Alavés siempre ha tenido jugadores de aquí, de la tierra, que sentían los colores, y con su llegada se desvirtuó un poco todo eso», apostilló.
Quiere pasar página y lanzó un mensaje a la afición de Mendizorroza. «Que vengan, que lo vamos a dar todo», sentenció. César Caneda llega con las pilas cargadas, «muy contento y con ganas de que empiecen ya los entrenamientos, conocer a los compañeros y aportar mi granito de arena para que el equipo funcione lo mejor posible».