El fútbol le dio cabida y él, un tipo que se reconoce humilde y asalariado, se ha cobrado finalmente la recompensa a golpe de pico y pala. Tarde, pero a tiempo, asume. Con el Alavés llegó a jugar en campos que ni en sueños le habrían abierto sus puertas.
-¿Se puede dar por hecho que David Coromina ya es historia en el Alavés?
-Pues sí. Por razones familiares regreso a mi tierra y, en principio, mi idea es ésta, volver a casa y a ver qué pasa en el futuro.
-Y si entretanto le ofrecen la renovación, ¿se la pensaría?
-Me ha costado decidirme. En Vitoria estaba muy a gusto, siempre se puede estudiar la oferta, si llega, pero tengo clara mi salida.
-Marcha en silencio, como llegó.
-Ya me despedí de quien tenía que hacerlo. Sí, la marcha es en silencio, como soy yo, un tío tranquilo que llegó al Alavés sin hacer ruido y salgo igual.
-¿Qué le dice a la afición?
-Darle las gracias y ofrecerle apoyo para el futuro. Me he sentido muy bien tratado. A ver si desde ahora el club se estabiliza, no sufre y tira para arriba, hacia donde merece. Por todo, aunque siempre se diga, el Alavés debe estar mejor y sufrir menos.
-La suya como albiazul ha sido una transformación de sí mismo. De 'chico Piterman' -permítame la licencia- a tipo cumplidor y solvente en el campo finalmente reconocido por la grada y la crítica.
-Se me ha reconocido tarde, pero mejor así que nunca. Al venir con el que vine me costó mucho más hacerme con un sitio, estaba como obligado a demostrar el doble que cualquier otro. Con él sólo tuve relación profesional, aunque siempre se me vinculara a su persona. De hecho, ya estaba acostumbrado. Antes coincidí en el Palamós y en Santander. Cuando fiché por el Alavés sabía que mi trabajo tendría su reconocimiento. Lo he conseguido, no sé si mejor o peor, pero la gente al final así lo ha visto. En el campo, en todo momento he tratado de dar todo y acabé por demostrar que valía por mí mismo y no por quien me trajo.
-¿Se ha sentido especialmente observado o cuestionado por su inicial dependencia con el ucraniano?
-Pues sí. Hubo comentarios, pero con el trabajo demostré mi capacidad. Nada más.
-¿Sería justo admitir, no obstante, que sin el aval de Piterman tal vez no habría llegado tan alto?
-Seguramente. Sería de tonto el no admitirlo. Él me dio la oportunidad de jugar en la élite y nunca le negaré el agradecimiento. Luego, él ha hecho y también ha deshecho muchas cosas, de casi ninguna de ellas estoy conforme, pero me brindó la primera oportunidad. Como muchos jugadores, si no te dan la oportunidad, no puedes demostrar.
El recuerdo de Balaídos
-Por empeño que no sea.
-Mis virtudes siempre han sido el esfuerzo, el trabajo y el compromiso con el club que me paga.
-De su paso por el Alavés, ¿con qué se queda?
-Con lo último. Con la gente al final del último partido. Unos estaban encantados de la vida y otros llorando en la grada. Me emocioné. Lo celebré más que el ascenso a Primera. Me llegó al corazón que los aficionados nos dieran las gracias por cumplir con lo nuestro, que era salvar al Alavés.
-¿Ha merecido la pena después de tantas penurias económicas y clasificatorias?
-Sí, sí. Hemos sufrido tanto que la recompensa acaba por saber mejor, le das mayor valor. Muchos nos dieron por muertos, pero todos hemos sacado la casta para conseguir el objetivo. Ha sido el triunfo del alavesismo. Hemos salvado el club, que es lo más importante, porque los jugadores pasan.
-También ha alcanzado la gloria en pequeñas dosis.
-Para mí, un jugador humilde, haber jugado en Primera y visitar campos que sólo imaginaba ha sido como para otro disputar la 'Champions'. Con el trabajo se logran las cosas. Me doy por satisfecho. De pequeño sueñas con jugar en equipos grandes, me hubiera gustado hacerlo, pero para mí el Alavés es un grande. Con esto me conformo.
-¿Qué sintió cuando sus compañeros y un grupo de aficionados, a altas horas de la madrugada en Vigo, le cantaron «Coromina 'MVP'» -jugador más valioso-, sólo horas después de certificarse la permanencia?
-Salió de los compañeros y me hizo mucha ilusión. Fue su manera de reconocer mi labor. He pasado muchas veces desapercibido, aunque creo que he hecho un buen trabajo para el equipo. Igual, de cara a la galería no ha sido lucido, pero para los jugadores, sí.
-¿Con usted el Alavés habrá ganado un hincha para toda la vida?
-He pasado muchas cosas en el Alavés y le llevaré en el corazón. Los recuerdos serán bonitos.
-A modo de balance apresurado. ¿Qué se hizo mal para que la salvación llegara sobre la campana?
-Teníamos una plantilla como para no haber sufrido tanto. Nos condicionó el mal inicio, pero lo que vale es la permanencia. Mira el Cádiz, que quería subir y baja. La Segunda es muy traicionera. Es preferible hacer un buen equipo que tener buenos jugadores.
-Y para el futuro, ¿qué le espera?
-Tendrá que empezar poco a poco, construir la casa por los cimientos y, si hace las cosas bien, por todo el Alavés tirará hacia arriba.