En siete días, los que mediaron entre la increíble remontada ante la Real Sociedad y la histórica permanencia obtenida en Vigo, se podría resumir el año albiazul. Al menos, en cuanto a noticias positivas de una campaña que comenzó con el ilusionante cambio de poderes en la entidad vitoriana y derivó después en un tormento deportivo difícil de explicar. El Alavés arrancó en verano entre la inestabilidad heredada de la 'era Piterman' y, tras un pésimo inicio, el equipo nunca ha llegado a mantener una mínima regularidad para alejarse de la zona baja. Tanto, que en las dos últimas jornadas vivió durante largos minutos en Segunda División B. Hasta que la fe, la fortuna y las carambolas se aunaron para sostener a un conjunto que durante muchas fases del campeonato parecía moribundo.
Si en cuanto a rendimiento colectivo el equipo sólo funcionó con cierta solvencia en los meses de noviembre y diciembre, tampoco en el aspecto individual la temporada ha sido pródiga en descubrimientos. Quizás el único importante ha sido la confirmación de Medhi Lacen como un futbolista consolidado. El centrocampista francés, todoterreno y sostén albiazul en infinidad de partidos, se ha ganado el reconocimiento de la grada.
Del resto de la plantilla, justa de calidad y descompensada en varias posiciones, apenas han destacado otros futbolistas durante algunas fases. La primera vuelta fue para Toni Moral, su mejor etapa como albiazul, aunque en la segunda y hasta los salvadores goles de las últimas jornadas apenas apareció. Algo similar sucedió con David Aganzo. El delantero madrileño convirtió la portería en una diana durante la primera parte del campeonato, para acabar después desorientado. También en la jornada final, con el gol de Balaídos y la asistencia a Gabri para el segundo, llegó a tiempo para los intereses albiazules.
Futbolistas como Coromina, Gaspar, Gabri o Adrián también han quedado señalados en el calendario albiazul. Cuando el descenso agarrotaba las piernas y casi todo parecía perdido, emergieron con solvencia para arrimar el hombro y aportar un rendimiento superior al de muchos otros. En el capítulo de la plantilla, la temporada ha dado para otra cuestión positiva. La irrupción de Igor Martínez como joven valor de la cantera. El delantero ha disputado más o menos minutos en función de las diferentes fases de la campaña. Con el vitoriano otros canteranos dispusieron de su oportunidad, como Royo o Pinilla, aunque de forma casi testimonial.
Convulsiones internas
El Alavés, en realidad, apenas ha disfrutado de calma esta campaña. Seis jornadas iniciales sin ganar condicionaron la temporada y obligaron a remar a contracorriente desde agosto. Los resultados mejoraron después, pero la eterna debilidad a domicilio -sólo 17 puntos en 21 partidos- acabó por amenazar ruina. Dudas que provocaron el despido de Josu Uribe y la dimisión del secretario técnico, Carlos Lasheras, por sus discrepancias con el presidente Fernando Ortiz de Zárate. Las convulsiones tampoco cesaron después, ante la amenaza del descenso y de la desaparición de la entidad.
Con Salmerón en el banquillo, la situación apenas cambió. El Alavés optó por un juego más combinativo, aunque sin resultados salvo en el tramo final. A todo esto se podía unir la plaga de lesiones graves -Cabrera, Garro y Mateo-, que se cebaron en el conjunto vitoriano. En varias jornadas el entrenador de turno recurrió a alineaciones de circunstancias.
En las peores condiciones posibles y con todas las luces de emergencia encendidas, la afición albiazul respondió para insuflar ánimo y apoyo a una plantilla que durante demasiado tiempo vivió de forma inconsciente y sólo reaccionó, con mucha fortuna, ante la evidencia. El alavesismo ha dado una clara lección al equipo.