Son cinco. La familia casi al completo. Los hermanos Chaves, Maren y Vanesa, se encargaron de hacer la reserva para el resto de la casa y un amigo, la componenda para acompañar al Alavés hasta Vigo. De la mano fue la pequeña de ella, Uxue Valiente, quien por edad se quedará en Vitoria. Son alavesistas de devoción. No se quieren perder el partido que, según ellos, dará la salvación al equipo. «Ganamos clarísimo. Ya pensamos en sacarnos el carné la próxima temporada», aventuran sin que aún se haya resuelto ésta. «Esperemos que en Segunda», exclaman por si acaso.
Un viaje a Galicia bien merece un homenaje a base de crustáceos y moluscos de la tierra, mejor dicho, del mar. Pero no será el caso de los Chaves. «Si no fuera por la hipoteca, habría mariscada en Vigo», lamenta Vanesa, atada al banco, como todos. Bueno. «Él, que no la paga, igual puede», se refiere a su hermano. Pero va a ser que no. Un bocadillo hará las veces y cuesta menos en tiempos de crisis como la actual.
Antes de jamar toca viajar. No es la primera vez, y puede que no sea la última, que siguen al Alavés. En su día estuvieron en Elche, en el retorno a Primera. «Fue un viaje pesado. Los chavales no te dejan dormir. Chillan, cantan... La ida suele ser mejor, porque van más reventados». O se suben al autocar de empalmada o con horas de sueño quitadas a la almohada. Interesa el regreso, con el éxito. Si es así, volver al curro será más llevadero. El marido de Vanesa fichará a las ocho. En Segunda.