Se van a meter entre pecho y espalda nueve horas de autobús con el ánimo de un peñista adolescente, aunque le lleven a éste la tira de años. También de sabiduría vital. Carlos Núñez y Araceli Pérez, palentinos, alavesistas y jubilados de ocupación, no discuten por el fútbol, que se sepa. El matrimonio profesa por el mismo equipo. Y por él son capaces de pegarse un madrugón para viajar a Ferrol a verle empatar y de repetir rumbo a Vigo, a ver si ésta es la vencida, los chavales ganan y el 'Glorioso' se salva de una vez. «A la vuelta nos vamos derechos a la Virgen Blanca». A celebrarlo, aunque sea lunes temprano, y a echarle un guiño a la patrona por su gol.
Reliquia de abono
Les mueve el Alavés, del que son abonados desde hace una década, como el hijo, cuya militancia data de mucho antes, de los años setenta. Carlos guarda de su primogénito una reliquia, aquel carné de doble tapa de cuero que el boina tiqueaba a la entrada a Mendizorroza. ¡Qué nostalgia! Esta vez, el propietario de la pieza de museo no les acompañará al partido de los partidos. Cuando la pareja ande sobre ruedas de regreso a casa, a él le sonará el despertador.
«No tenemos nada que hacer. Estuvimos en Ferrol. ¿Tú sabes el ambiente que hay? Nos lo pasamos pipa». ¿Y el viaje? «Paramos cuatro veces. El autocar era una máquina, ni se movía. El que quiere dormir, duerme. Los chavales tiran el asiento hacia atrás y ahí se quedan», relatan Carlos y Araceli, entusiasmados. Con un bocadillo les vale a modo de tentempié viajero. «Yo no pego ojo», aclara ella. «Yo tampoco. Me pongo la radio y a escucharla, y si hay 'peli' en la televisión, mejor», tercia su marido.
«Creo que vamos a ganar», responde Araceli. Asiente él y añade. «Todos no van a ganar. Alguno pincha. Hasta nos puede servir el empate. Nos salvamos». Seguro. «Yo ya sabía que venceríamos a la Real 2-1». Falló el pronóstico, no la intención. Si aventura triunfo alavesista en Vigo, es que así será.