Jairo igualó en el minuto 92, Toni Moral conectó la volea de su vida en el 94 y Mendizorroza pitó el final con una invasión de campo colectiva que, más allá de las consecuencias federativas, forma ya del libro de los recuerdos albiazules, de las historias que sobrevivirán al paso del tiempo.
En un delirante y épico final del derbi el Alavés burló el descenso a Segunda División B -virtual hasta el minuto 92- y se enganchó a una jornada final que, dadas las circunstancias y pese a no depender de sí mismo, es toda una invitación al optimismo. El fratricidio rompió al equipo guipuzcoano, que se vio en Primera, acabó en la lona y desde ayer a las 20 horas es el mejor aliado albiazul por su encuentro final frente al Córdoba.
El cuadro vitoriano obró así ayer el primer milagro, que no fue superar a la Real Sociedad, que se había limitado a aprovechar errores ajenos y nunca mereció la victoria, sino hacerlo después de un triple mortal sin red donde se agarró al trapecio cuando le sudaban las manos y el desenlace fatal parecía ya inevitable. Cuestion de fe, de conjunción de los astros o de revertir en dos minutos decisivos toda esa falta de acierto ofensivo que ha perseguido al Alavés durante muchas jornadas. También de reconciliación con los finales agónicos, que en los últimos tiempos -Dortmund o Mendizorroza ante el Deportivo en el descenso a Segunda- habían ajusticiado al cuadro vitoriano sin que existiesen afrentas futbolísticas de por medio.
Se jugaron 94 minutos, pero en las venas albiazules se inyectó toda la ilusión en sólo 120 segundos. A la desesperada, con un Alavés roto después del 1-2, y al que Bernardo salvó del 1-3 en un mano a mano con Víctor, el toque de corneta reventó los tímpanos de una Real Sociedad que durante el descuento fue lo más parecido a un flan.
Errores albiazules
El partido nació del revés para los intereses albiazules. Volvió el 4-4-2 con Mateo en el centro de la defensa y Coromima en el lateral derecho, pero los errores se sucedieron. Pérdidas suicidas en el centro del campo que acabaron en la red de Bernardo. Lacen se empeñó en la jugada imposible ante tres contrarios y la precisión de la Real -siempre peligrosa en los contragolpes- estalló con el tanto de Díaz de Cerio, auténtico tormento alavesista.
Apenas nueve minutos de juego y la sensación de que el Alavés había concedido demasiado ante un adversario muy centrado en su trabajo. Que fue sostenerse en el partido con oficio, mantener la pelota el mayor tiempo posible y esperar al contrario hasta que llegasen los fallos. La fatalidad recorría de nuevo Mendizorroza con la oportunidad albiazul que se estrelló en el larguero. Gabri, otra vez de los mejores, se zafó de su marca tras un córner en corto y Adrián tropezó en su disparo con la madera. Mateo tampoco acertó con la red en el rechace.
La primera parte transcurría sin grandes sobresaltos, lo que significaba una lenta agonía alavesista. No le daba a la escuadra de Salmerón para atinar con el pase entre líneas y sólo de los balones largos escarbaba peligro ante una zaga visitante bastante blanda. Teixeira Vitienes y sus 'ayudantes' en las bandas, ayudaban a que el partido entrase en una fase de desconcierto. Guardaba la Real su marcador y el Alavés chocaba ante un rival ordenado.
El paso por el vestuario, como en tantas otras ocasiones, devolvió al Alavés a la realidad. Quizás con menos nervios ante la evidencia de que todo estaba perdido en ese momento, se sacudió las ataduras para emplearse al límite. Gabri fue quien encontró el hueco. Combinó con Aganzo y delineó el pase en profundidad. Esta vez sí, Adrián, siempre activo, acertó con Riesgo por el primer palo.
1-2 y estallido final
Pero el Alavés se había empeñado ayer en protagonizar todos los goles. Entró Igor Martínez por Gabri, las líneas se adelantaban cada vez más y la zaga quedaba desguarnecida ante los peligrosos contragolpes. En uno de ellos, Gaspar trastabilló y dejó una pelota cómoda a Díaz de Cerio. El delantero asistió con gran calidad a Delibasic, que llegó para empujar la pelota. Dictaba la lógica que ahí comenzaba el funeral alavesista, aunque la escuadra albiazul lo convirtió en boda a través de un descuento simplemente inolvidable.
En las peores condiciones posibles, con la salida del central Mateo para colocar al centrocampista Miguel Pérez y la marcha del estilete Adrián para colocar sobre el césped a Jairo, todo cuadró. La desolación inundaba Mendizorroza -la mitad albiazul- mientras se asistía a un epílogo desgarrador. Pero las estrías se abrieron de repente en la carne realista. Toni Moral y Jairo conectaron para el empate. Sin tiempo. A falta prácticamente de un minuto y medio. En ese pequeño espacio el Alavés desafió todas las leyes físicas para demostrar que ahí cabía otro gol. Es hora de tirar de alavesismo y desembarcar en Vigo.