El Alavés desperdició ayer la mejor bala del tramo final de temporada en La Malata y deberá afinar al máximo con los dos últimos disparos si quiere permanecer en la Segunda División. El empate ante el Racing de Ferrol, en otras condiciones un buen punto lejos de Mendizorroza, se convirtió enun agrio tormento. Después de regalar la primera parte, como tantas otras a domicilio, el cuadro vitoriano reaccionó, pero sin concretar una remontada esencial para cuadrar las cuentas. Ahora, y a la espera de los resultados de la jornada dominical, el equipo alavesista ha dado un salto al vacío con una red mínima. Dependerá de otros y después de cuatro empates consecutivos necesitará dos triunfos ante Real Sociedad y Celta para salvar la temporada. En Ferrol se quedaron buena parte de sus aspiraciones lógicas. Queda ya tirar de heroicidad y comenzar por el derbi.
Gol en el primer minuto
El partido había nacido boca abajo para el cuadro albiazul. La primera acción de ataque del rival acabó en la red de Bernardo. A balón parado. De una falta lateral extrajo petróleo el Racing. Con cabezazo de Pereira y tras el despeje del guardameta, en un rechace concedido en el segundo palo. Todos los planteamientos previos se redujeron a cenizas. La pretendida solvencia defensiva se quebró en sesenta segundos y comenzaron los nervios.
Salmerón se había decantado, como indicaban las pruebas de la semana, por el 4-1-4-1 con Mateo por el sancionado Gaspar como único cambio respecto al once que se enfrentó al Sporting. Con el 1-0 en el marcador, el cuadro alavesista zozobraba. Mientras trataba sin excesivo éxito de mantener la pelota y combinar en su centro del campo, el Racing de Ferrol se asió a su verticalidad y a las pérdidas alavesistas para inyectar velocidad a su fútbol.
El Alavés volvió a crujir por sus laterales. Corredoira ganaba casi siempre a Calderón y Tarantino sufría también ante la habilidad y desborde de Jonathan Pereira. Pero, lo que era mucho más preocupante, sólo el Racing de Ferrol parecía jugarse la vida. Aquel equipo albiazul encorajinado y aguerrido del partido frente al Sporting se había quedado en la caseta. Nervioso e impreciso, al Alavés apenas le alcanzaba para inquietar en acciones aisladas. A cambio, la posibilidad de encajar un segundo tanto que acabase con el partido resultaba más que factible.
Gabri y 4-4-2
No podía ser de otra manera y el paso por el vestuario sacudió a un conjunto que miraba a la Segunda División B a los ojos. Salmerón remendó al Alavés con la entrada de Gabri por Calderón. De ahí surgió una zaga con Coromina en el lateral diestro, Mateo y Casar como pareja de centrales y, en el centro del campo, Sergio y Lacen, ya solos al mando de las operaciones.
A partir de entonces, el Alavés puso la intensidad, casi todo el fútbol y, sobre todo, la fe. El equipo vitoriano, que atacaba sobre el fondo donde se encontraban los 700 valientes albiazules, atinó con el empate que acabó también con una racha de cuatro partidos sin marcar. Sergio Rodríguez puso un balón al segundo palo, Adrián lo cazó con un cabezazo cruzado y Coromina lo remachó con todo. Volvía el Alavés a la vida y todavía con muchos minutos por delante. Era posible.
El Racing de Ferrol, entonces atenazado por los nervios ante el vendaval albiazul, vio peligrar el partido. Con Gabri como gran agitador en el centro del campo y Adrián y Aganzo en punta, más cerca entre ambos y con mayores facilidades. Del empuje nacieron muchos balones al área, faltas y córners ante un adversario que, a falta de media hora, daba ya por bueno el empate y se replegaba a la espera de una acción aislada.
El Alavés, que había encerrado a su rival, sostuvo a duras penas su empuje hasta el tramo final. Sin gran claridad de ideas, pero con intención, sobre todo a balón parado. De ahí, de otra falta, nació la gran oportunidad. Un cabezazo de Tarantino que Queco Piña envió a córner en una soberbia intervención. Pudo, no obstante, incluso perder el cuadro vitoriano, en una acción en el descuento de Pereira que provocó un escalofrío a los visitantes. Todo se solventó con el empate y la tristeza mayúscula ante la evidencia. El Alavés necesita ahora casi un milagro. f.r.esquide@diario-elcorreo.com