El día después al empate del Alavés con el Sporting en Mendizorroza trajo un poco de sosiego al quehacer cotidiano de Fernando Ortiz de Zárate. El lunes suele devolver la esperanza quebrada, aunque lo haga con una intensidad que crece con el paso de las jornadas hasta explotar con el siguiente encuentro.
Porque el domingo y su noche, más larga y oscura si cabe por el insuficiente marcador, azotaron al presidente con una sucesión de sensaciones, todas las posibles, como si de una escala de colores se tratara. Hubo quien desde la grada, con el balón guardado en la caseta hasta la próxima, observó al directivo meditabundo en el banquillo. Alguien también le vio llorar en el antepalco. El sueño luego se le hizo imposible.
El Alavés sigue en descenso, atrapado por la clasificación, pero él ve luz donde otros sólo apagón. La culpa la tiene un punto. Fernando Ortiz de Zárate quiere creer en la salvación de la entidad, aunque los resultados se la discuten tercamente. Se queda con el empeño que puso el equipo por ganar un duelo en el que le iba la vida, como le irá en los tres que faltan para cerrar esta Liga de pesadilla. «Se demostró que el Alavés puede hacer más de lo que ha hecho hasta ahora. Si se lo propone, puede ganar a cualquiera, incluso es posible que saque los nueve puntos en juego». Le espera un apurado Racing en Ferrol, más tarde llegará la Real Sociedad con el ascenso a Primera entre sus manos y acabará el ejercicio en Vigo, feudo de un Celta fracasado.
Para que así sea debe seguir el ejemplo. Tan fácil como difícil. «Con el compromiso y el juego demostrados ante el Sporting no deberíamos tener problemas para librarnos». Para permanecer en Segunda. Pero el porvenir albiazul pasa por ganar ya, «sí o sí» en Ferrol. Otro marcador le dejaría a merced de una tempestad, camino de Segunda B. «El Racing no es el Sporting. Si se mantiene la intensidad del domingo, la victoria es nuestra», sentencia un Ortiz de Zárate convencido por obligación o devoción. Irá a La Malata.
Se aferra a la esperanza como a un clavo ardiendo. No tiene otra. Aunque, según dice, el comportamiento de los jugadores le transmite buenas vibraciones. «Les veo más enchufados que nunca, en su mejor momento de ánimo y entrega. Sólo espero que se repita lo de ayer» -por el domingo-, «pero con una victoria en Galicia». El presidente ha tenido que ejercer también de motivador este tiempo. Visitas al vestuario y encuentros vis a vis con algunos albiazules en su despacho. «Ya no hace falta recordarles lo que se juegan, lo que nos jugamos, lo que representan», remarca el empresario. Clama por los hechos y no por las palabras. En definitiva, por los puntos.
Sin gol
El partido con el Sporting puso en evidencia que al Alavés «le falta el gol, pero llega a la portería rival más que antes. Ahora que no nos marcan, a ver si se acaba la mala racha y hacemos gol nosotros, porque en algún momento nos tiene que sonreír la suerte, no siempre nos va a dar la espalda», se queja el presidente. Llegado a este punto, Ortiz de Zárate también lamenta el último arbitraje, aunque no le responsabiliza del 0-0. «Hasta el minuto 20 estuvo bien. Luego se complicó la vida él solo». Iglesias Villanueva «perjudicó bastante al Alavés en acciones muy puntuales». Recuerda la zancadilla por detrás a Aganzo, que debió adelantar unos minutos la posterior expulsión de Gerard, y la señalización del final cuando el Alavés se disponía a botar un saque de esquina. El último cartucho.
Aunque el punto «es escaso», la respuesta de la afición ayudó a sobrellevar el mal trago. «La gente estuvo fenomenal y el ambiente, magnífico», reconoce Ortiz de Zárate. «Es de agradecer al socio su presencia y que nos trajeran al resto del público. Ellos tienen la llave para que vengan más espectadores». Entiende a quien se queja de la rebaja de los precios, pero el abonado disfruta de la opción. «El Alavés necesita todo el apoyo posible».