En un campo lleno cualquier jugada es un gol. Siempre me vienen a la cabeza en estos casos de partidos decisivos las imágenes de los estadios británicos, de esos aficionados que celebran a gritos cada saque de banda cercano a la portería rival y que si es un córner llegan casi a la locura. Pero me quedo con esa sensación de confianza en el equipo, con esas ganas de apoyar a los jugadores cuando se ven buenas acciones, pero también cuando se pelea por un balón dividido y sacan la pelota a la grada o fuera del campo sin ninguna contemplación. Cómo entienden, al final, que en cada detalle puede estar el partido, que pase lo que pase ellos están ahí para dar fuerzas al equipo, que jugar al fútbol no es sólo actitud, porque hace falta más, pero que también cuenta y mucho la intensidad.
Así debe ser este domingo en Mendizorroza. Que el Alavés se vea arropado al máximo desde las gradas y que el rival llegue un momento en el que piense: 'hostias, cómo empujan aquí'. Aunque no sea un buen recuerdo por lo que sucedió al final (un gol de Corominas ante la Real supuso el descenso), siempre me acordaré del último partido de Liga en Primera contra el Deportivo. En esa temporada ya habíamos tenido otros momentos críticos en los anteriores partidos en casa y los fuimos sacando como pudimos. Pero aquel día, con el campo lleno, como seguro que va a estar este domingo, sentía que desde las gradas nos llevaban. Al final pasó lo que pasó, pero en aquellas condiciones y con el equipo metido en unos momentos muy complicados, ganamos el partido. Ahora, eso mismo bastaría para sacar un poco la cabeza en la clasificación, que a estas alturas es lo más importante.
Y pensando en los jugadores, algunos ex compañeros creo que saben perfectamente lo que hay que hacer en estas ocasiones, no hay nada que decirles. No sólo en los campos británicos, por cierto, hay apoyo incondicional a los equipos. Esta temporada lo he vivido casi todo en Grecia (Panathinaikos). Cuando se llenaba nuestro campo, incluyendo bengalas y esas cosas, era un verdadero infierno para el rival y una gozada para nosotros. En un campo lleno cualquier jugada es un gol. Y en Mendizorroza, claro, es gol del Alavés.