Alzaron su copa Alavés y Numancia, que brindaron ayer en Los Pajaritos por un empate de conveniencia. El burbujeante líquido se derramó después por las tierras sorianas con el tercer ascenso de la década a Primera División y al cuadro albiazul le quedó intacto el frágil recipiente de la...
esperanza en su carrera por mantener la categoría. Si la paz que eligieron ambos equipos fue o será para el cuadro vitoriano mejor o peor que la guerra sólo cabe discutirlo ya en el terreno de las hipótesis y, a nivel productivo, a partir del 15 de junio. Por los precedentes a domicilio, la entidad del líder, el ambiente predispuesto a la fiesta y, sobre todo, la aceptación tácita del punto por parte alavesista, sólo cabe tomarse el resultado con talante positivo.
Dos no se pelean si uno no quiere y cuando ninguno de los dos lo pretende la cuestión comienza a tornarse bastante clara. Pareció, no obstante, haber partido durante cerca de media hora. La inicial. El Alavés se había plantado sobre el césped soriano con los cambios previstos de antemano. Gaspar se unió a Lacen en el doble pivote y Casar regresó después de varias semanas a la línea de centrales. En esta ocasión, las rotaciones en la banda derecha de la zaga abrieron la puerta a Calderón. Sergio se colocó entre líneas y Adrián dejó su posición de segundo delantero para acostarse en la banda derecha. Un equipo, en definitiva, preparado para presentar batalla en el centro del campo y buscar la verticalidad en ataque.
Pequeños sustos
El Numancia, con su equipo de gala a excepción del centrocampista lesionado Julio Álvarez, se acomodó en apenas treinta metros de campo. Pertrechado desde el inicio con la clara intención de no asumir riesgo alguno. Dejaba al Alavés maniobrar en la defensa y el cuadro vitoriano amasaba la pelota entre defensas y centrocampistas. Con la apertura de los laterales para conseguir amplitud y Aganzo con la intención de, al menos, inquietar. El delantero madrileño conectó un disparo bastante alto desde la frontal del área y el conjunto local respondió desde su entonces activa banda izquierda. Quero y Beranger desbordaron en una bonita acción -casi primera y última del partido- y Coromina despejó el centro con muchos apuros.
El capítulo de pequeños sustos en ambas áreas concluyó unos minutos más tarde. Aganzo insistía entre líneas para colocar un envío preciso sobre Toni Moral. El catalán, de lo más bullicioso por parte alavesista, erró en el control y convirtió la posible ocasión en un balón que corría hacia el banderín del córner. Las 'hostilidades' cesaron casi sin haber comenzado.
Pasar los minutos
Y el partido, largo, larguísimo, se distribuyó a partir de entonces en tres niveles de dificultad. Comodísimo para los defensas de ambos equipos que se afanaban en la normalidad de los despejes y las cesiones al portero ante el más mínimo atisbo de presión adversaria; incómodo para los centrocampistas ante la evidencia de que las incursiones en campo rival o los contragolpes eran ya mal vistos; ingrato para los delanteros, a los que obligaba a invertir su fútbol habitual. Esta vez, la misión parecía arrancar desde el centro y acabar en la banda. La cuarta dimensión, la de los porteros, era testimonial.
Se trataba, entre algunas protestas del público, de hacer pasar los minutos con la máxima celeridad. Aparecieron las faltas, los fueras de juego y el carrusel de cambios por ambas partes. Las molestias de Gaspar dieron entrada a Samuel. Regresó después Mateo -en el centro del campo- después de tres meses de lesión. Y también Jairo dispuso de su oportunidad. En el Numancia, Arconada dedicó la segunda parte a homenajear a algunos de sus futbolistas. Con ovaciones para los salientes Brit, Juanra y Beranger -fichado ya por el Espanyol- y entrada de Jordá, el ex albiazul Sietes y el vitoriano Felipe Guréndez.
El tácito pacto de no agresión en ambas áreas se respetó escrupulosamente. Hasta las últimas consecuencias. Las que obligan ahora al Alavés a superar al Sporting el domingo en un duelo que promete emociones muy fuertes.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com 0 0