«De casa al entrenamiento y del entrenamiento a casa». Así, tan escueto, un pelín aburrido, es un día de trabajo en la vida soriana de José Manuel Suárez, Sietes, un jugador que tomó como apodo el nombre de su pueblecito natal, en el corazón de Asturias, y que pasó por el Alavés antes y después de hacerlo por otros muchos lares.
Y que lo diga él, un tipo cachondo, suena a veraz. Su relato tiene bastante de creíble, por mucho que la conversación al teléfono se acompañe de cerveza a la puerta de una tasca. Apenas juega -181 minutos esta Liga, más en la anterior-, pero se siente feliz. De primera. Como el Numancia.
Ciertamente, Soria es sencilla y chiquita -ronda los 40.000 habitantes, la mitad del censo de la provincia-, pero su equipo de fútbol, grande. El más grande de Segunda División. Va para campeón. «Esto es muy tranquilo. Aquí es difícil distraerse», insiste el defensa. El futbolista tiende a la dispersión sin el balón entre sus pies, viene a decir quien lo es desde hace quince años y ya gasta 34 y muchas botas arrojadas al cubo de la basura.
Seguro que el anunciado ascenso rojillo, listo para que se descorche con motivo de la visita del Alavés a Los Pajaritos, se ha ido gestando en el campo, no en un disco-bar de la localidad, pero la ausencia de jolgorio callejero ha hecho su contribución deportiva. «El ambiente facilita las cosas: ciudad pequeña y vida sencilla», se dibuja desde la directiva.
Eso sí, los 74 puntos -a dos por jornada- los ha sumado el Numancia en el tajo, a golpe de piedra. De lo que pueden dar fe sus rivales, incapaces de mantener el asedio al líder por más tiempo, a diferencia de Escipión, que sí sometió a la vieja ciudad hoy castellana hace más de 2.100 años, aunque le fue las fuerzas en ello. De la resistencia a los romanos procede la defensa numantina, un término adoptado para el fútbol y la vida ordinarios.
El trío del éxito
Hay algo de herencia histórica en el presente. «Trabajo, sacrificio y honestidad». La trilogía de la hazaña, según Víctor Martín, gerente del Numancia la última década, precisamente la de los ascensos a Primera División. Con éste que está a falta de un punto serán tres en nueve años. Nadie lo mejora por efímeros que fueron los dos primeros.
«Aquí se respetan los compromisos adquiridos, se deja trabajar a los profesionales con autonomía y la relación con los jugadores es familiar, que no paternal», relata el alto ejecutivo, quien también se vanagloria de que «éste es el club menos presidencialista del mundo». Sabrá él.
Con 3.600 abonados, un campo de 9.600 localidades y 4,4 millones de euros de presupuesto se puede salir de Segunda por la vía rápida y triunfante, de Soria a Primera. La entidad de Los Pajaritos cuenta las horas que le quedan para sentirse de nuevo a la altura del Real Madrid y Barcelona. De sus gastos corrientes destina la mitad al pago de los salarios a sus futbolistas. La media es de 109.000 euros. El Alavés, por ejemplo, necesita el doble de dinero para cumplir con los suyos. «Se paga religiosamente y no se debe nada. Llevamos cuatro años de superávit... ¡real, real!», insiste Martín.
«El jugador sabe lo que gana y cuenta con ello cada mes. Te viene la hipoteca, la familia quiere comer...». Humano, ¿no? Pues lo que resulta un problema para muchos -a la inflación le gusta el fútbol español- deja de serlo para la caseta soriana, reconoce Sietes. «Vas a entrenar con la cabeza en su sitio». Y se juega como se entrena. Con cabeza. Y con las piernas, pero éstas abundan en todos los equipos, luego no deben marcar tanto las diferencias a la hora de la verdad.
La caseta
Al Numancia le entrena un tipo que debió ser del Alavés, Gonzalo Arconada, en julio, pero que no pudo esperar más, atrapado por la indefinición en el traspaso de poderes del impresentable Dmitry Piterman a Fernando Ortiz de Zárate, y se acogió al ultimátum soriano. Hoy se siente feliz. La tabla clasificatoria lo dice todo. El guipuzcoano tiene a sus órdenes un equipo con el que se divierte. «Jugamos al fútbol». Juegan los protagonistas. «Hablamos con ellos antes que con sus representantes y les decimos lo que somos y lo que les podemos dar», descubre el gerente. Pacheta, que fue cocinero antes que fraile, sabe de esto. Ojo clínico el suyo.
En Los Pajaritos se duchan veteranos y jóvenes, profesionales de larga trayectoria, algunos entroncados en el proyecto. «Los queremos de Madrid hacia al Norte». Gusta lo vasco, por excelencia. El Numancia mira al Athletic sin disimulo. Todo hace de éste «un club diferente a los demás», sentencia Sietes. «Pregúntale a Tarantino», sugiere el director general. 'Taran' es hoy albiazul y esta semana ya habrá llamado a Soria. ¿A pedir un favor? ¿El punto de la conveniencia?
A la peculiaridad se va a enfrentar un Deportivo Alavés angustiado por el descenso. Que tome nota de las explicaciones del lateral izquierdo asturiano. Al equipo que apunta a campeón de Segunda se le han ido seis partidos en su casa este ejercicio. «Nos gusta el buen fútbol y los rivales nos pillan a la contra. Fuera, en cambio, somos letales. La estrategia es nuestro otro punto fuerte», descubre Sietes. A Salmerón le están dando pistas.
El programa del ascenso está previsto en Soria. No entra entre las programaciones festivas ni la derrota ni el empate. El Numancia quiere ganar. Es lo que sabe hacer. ¿Vencerá esta vez al asedio vitoriano? El Alavés niega el papel de convidado de piedra. Le va en el partido la vida. Será un duelo de contrastes. De fiesta y angustia. Todo en noventa minutos a la hora del vermú.