El Alavés se pone pálido |
Cede el empate ante el Albacete en un partido abierto y queda en la cuerda floja | Ninguno acertó con el gol y en el tramo final la derrota sobrevoló Mendizorroza
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CANAL MENDIZORROZA. Adrián intenta superar a dos contrarios. /El Correo
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El color de la permanencia, adquirido a duras penas con las últimas victorias en Mendizorroza, abandonó ayer al Alavés, que se puso pálido al ceder el empate ante el Albacete en un partido que acabó en resignación. Tanto casi como el pobre resultado, forjado entre el desacierto de ambos equipos en el remate, un tramo final de impotencia donde la derrota sobrevoló el Paseo de Cervantes resultó una clara invitación al desánimo. El cuadro vitoriano llega con las fuerzas justísimas al sprint decisivo de la temporada y por delante queda un puerto de primera categoría. Fuera del descenso por el 'golaverage' favorable con el equipo manchego, pero con esa inquietante sensación de que los rivales directos se crecen mientras el conjunto albiazul se achata.
El partido resultó menos trabado de lo que se esperaba. No tanto por el despliegue futbolístico ni la ambición de ambos conjuntos como por los problemas de los dos para defender con eficacia. El cuarto de hora inicial resultó un cruce de ocasiones que parecía no cuadrar con la trascendencia del choque. Adrián monopolizaba el peligro alavesista mientras que Barkero aprovechaba acciones a balón parado y contragolpes para colocar balones en el corazón del área y enmudecer Mendizorroza.
Equilibrio y ocasiones
Salmerón había decidido repetir el equipo inicial que superó al Elche con el cambio de Edu Alonso por Calderón. Pero el Alavés sigue huérfano de laterales solventes. Con demasiados problemas para mantener la consistencia y escasa aportación en ataque, el dúo formado por Edu Alonso y Tarantino chirrió en exceso. Y sin alas, los problemas, ya importantes en la elaboración, se multiplican ante adversarios como el Albacete. Un conjunto machego que, por momentos, dio la impresión de dudar respecto a sus opciones de triunfo, que en los últimos veinte minutos fueron amplias.
El Alavés tartamudeaba, aunque mantenía el discurso ofensivo en una primera parte atropellada donde generaba ocasiones aisladas, pero claras. A cambio, ofrecía demasiadas facilidades con un sistema defensivo titubeante en cada balón que aparecía por el área. Pocas veces dominó con claridad porque le costaba un mundo empujar al Albacete hacia su portero y las llegadas eran con pocos efectivos. Las alegrías iniciales por ambas partes dieron paso a una tensa espera. De la que apenas salió un remate ajustado de Aganzo en un córner y otro gran susto para Bernardo. Una pelota pasada -de esas que ya fundieron al equipo en Xerez- la voleó Barkero al palo al borde del descanso. Escalofríos.
Equipo desfondado
Y el partido viajó hacia el territorio del miedo. Pánico por ocasiones. Salmerón dio entrada tras la reanudación a Mena, pero lejos de fomentar el dinamismo en el juego, el Alavés languideció hasta extremos peligrosísimos. Cada vez con más distancia entre su línea defensiva y los hombres de ataque, sólo el despliegue físico y el ardor de Lacen aportaban pegamento a un equipo desencolado. El francés, en uno de estos arranques de genio, sacó el partido del sopor. Con recuperación y pase medido a Adrián, que esta vez no pudo con el portero Johathan. Un guardameta pleno de nervios e inseguridades que, sin embargo, salvó esta clarísima acción.
Ante el estupor y el desánimo generalizado -Mendizorroza rozó la mejor entrada del año- el Albacete comenzó a moverse con soltura ante un conjunto albiazul sin soluciones. Ni la entrada de Igor ni la del desafortunado Raúl Sánchez lograron activar mínimamente el ataque. Claramente desfondado en el aspecto físico tras el desgaste anterior, apenas le dio ya para acercarse al área rival. Sólo lo hizo a balón parado, mientras la escuadra manchega trataba de aprovechar los ya enormes espacios entre líneas para liquidar el encuentro.
No lo hizo por su falta de remate. Bernardo encerró primero a Bauzá, que retrató a la defensa albiazul en el área, y el ex realista Barkero indultó después a los alavesistas. El centrocampista, puro toque, envió al graderío una volea clarísima a pocos metros de la meta albiazul.
Pudo ser peor, pero el empate final traslada ya la suficiente preocupación. Las cuentas albiazules para acercarse a los 50 puntos pasaban por un triunfo ante el Albacete. Ahora, la cuesta arriba es mayor y, para empezar, llega una pared en un duelo donde el Numancia aspirar a ascender.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com 0 0
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