El Alavés se condena a seguir sufriendo |
Los vitorianos pagaron muy caros sus errores
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Canal Mendizorroza
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CANAL MENDIZORROZA. Sergio, autor del único gol albiazul, intenta dejar atrás a un rival. /El Correo
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Pese a que lo ha intentado hasta el último suspiro, el Alavés se marcha de vacío de su visita a las islas. La derrota condena a los vitorianos a seguir sufriendo hasta el final, mientras que para los locales el triunfo suppne un enorme alivio, dejando al Alavés a cuatro puntos y a siete del descenso. Los de Salmerón no hicieron hoy un buen partido, sobre todo en la primera mitad, cuando Las Palmas pudo haber sentenciado el partido. En el segundo periodo, un gol de Sergio Rodríguez dio esperanzas a los albiazules, pero fueron incapaces de volver a marcar.
Las Palmas abrió pronto el cerrojo. Tras un aviso en el que Marcos Márquez no pudo conectar un centro de Adrián desde la izquierda, una indecisión defensiva vitoriana permitió a Sergio Suárez cabecear a placer un medido servicio de Nauzet Alemán.
Ese gol permitió a los amarillos jugar a placer, sin pasar agobios atrás, pese a que la prematura lesión de Samuel obligó a retocar la zaga. La afición isleña disfrutó con la labor de sus futbolistas, quienes salieron al campo mentalizados para no fallar en una cita clave para su permanencia.
La insistencia alcanzó su premio a diez minutos para el descanso: Sergio Suárez, de nuevo en el sitio apropiado, aprovechó un mal despeje de Edu Alonso, quebró a un adversario y enganchó un excelente disparo que acabó en la red.
Tras el descanso, a Las Palmas le tocó pasar más apuros de los previstos, pues, nada más reanudarse el juego, Sergio Rodríguez, desde la frontal del área, acortó diferencias.
Con la incertidumbre metida en unos y otros, Trashorras -minuto 58- anotó y el árbitro invalidó la acción, y Marcos Márquez malogró una nítida oportunidad poco más tarde.
En el minuto 69, Mena estuvo en un tris de culminar la reacción del Alavés , pues realizó una gran jugada individual que no acabó en gol porque lanzó el balón desviado.
Los últimos instantes se convirtieron en un acoso visitante hacia la portería de Santamaría, aunque con más amagos que peligro real. En ese devenir postrero, Adrián, en una contra, casi incrementa la renta local.
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