El Alavés insiste en derrochar |
Su mejoría de la primera parte topa con la falta de gol y al final logra un punto apurado | El cuadro vitoriano sale del descenso tras las derrotas de todos sus rivales directos
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CANAL MENDIZORROZA. Nacho Garro, que ayer jugó de central, despeja el balón de cabeza. /El Correo
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El Alavés volvió a derrochar un partido amable en Mendizorroza y salió de nuevo cabizbajo al posponer la obligación de ganar para el espinoso doble duelo a domicilio ante Hércules y Córdoba. En pleno proceso quirúrgico de José María Salmerón para tratar de extirpar vicios adquiridos y convertir al cuadro vitoriano en un grupo solvente, la intervención del técnico, con cinco cambios en el once titular, logró animar el fútbol albiazul. Pero el claro síntoma de recuperación inicial ante un Salamanca contemplativo languideció ante la falta de gol y dio paso a las inseguridades. Hasta el punto de cuestionar incluso un empate insuficiente que finalmente resultó almibarado con la salida de las posiciones de descenso. En una jornada dominical redonda en otros campos, Mendizorroza asistió a una segunda parte cuadriculada que volvió a dejar sensaciones de agonía.
Cuando resta un tercio del campeonato por delante y la guerra por evitar el descenso es una batalla diaria y opresiva, el Alavés acusa de nuevo esa perenne falta de pegada, que con la ausencia de Aganzo se agrava hasta convertir al equipo en un peso mosca. Necesita golpear y golpear, escarbar sus oportunidades: tirar de pico y pala colectiva ante la ausencia de chispazos individuales que dinamiten defensas organizadas.
Por esa vía condujo su fútbol en una puesta en escena donde el flexo de las novedades enfocó a un once inicial desconocido. Después de que el equipo perpetrara en Tenerife uno de esos partidos que se califican por sí mismos, Salmerón y las circunstancias añadidas dieron la vuelta al equipo casi por completo.
Cambios y control
Con Edu Alonso en la jornada electoral, Ángel defenestrado y Casar con molestias en el calentamiento que le sacaron el partido, la zaga alavesista presentó las novedades de Calderón, Coromina y Nacho Garro, improvisado central. La revolución asomó también por el centro del campo. Con Stevanovic -lento pero con visión de juego- al mando de las operaciones junto al imprescindible Lacen. Toni Moral regresaba a la banda izquierda tras la sanción, Sergio Rodríguez se acopló como mejor pudo a la derecha y en punta, por fin, dos delanteros. Gabri y Raúl Sánchez, un duó con el que al menos existían opciones de cazar pelotazos o segundas jugadas.
Y el Alavés dio motivos para la esperanza desde el inicio. Entró en el campo como una estampida con ocasión clara para Toni Moral y pese a la resistencia posterior del Salamanca, su buen hacer se trasladó al campo. Apretó desde la defensa con ímpetu, manejó en buenos minutos de fútbol el centro del campo -Stevanovic y Sergio conectaron- y sólo careció de autoridad en sus llegadas. Raúl Sánchez no acertó tras una buena llegada, Pagola sacó una mano excelente a disparo de Toni Moral y la defensa neutralizó después otro balón peligroso al área del catalán, que en esa primera parte recuperó detalles de su mejor versión, una de las grandes necesidades albiazules para creer en el final del campeonato.
Cerca de la derrota
Pero el paso por el vestuario despertó al Salamanca y atenazó a un Alavés que perdió cohesión. De un equipo albiazul agrupado y que en la primera parte apenas concedió una ocasión clara para Quique Martín, se pasó a un conjunto sin capacidad para resolver los problemas. Ni sacó ya el balón con cierta claridad ni optó a las segundas jugadas. Demasiado largo en su juego, con las líneas cada vez más separadas. A expensas en realidad del balón parado para tratar de inquietar.
Y el Salamanca, sin alardes, llegó a controlar con claridad y a aprovechar los nervios albiazules para recuperar en zonas comprometidas. Bruno rozó el gol primero y después Quique Martín tras una falta no señalada sobre Gaspar por el colegiado Rodado Rodríguez, que desconcertaba a unos y otros por su negligencia.
Ante una perspectiva inquietante, apenas la entrada de Jairo, con movilidad y detalles, aportó algo entre las soluciones buscadas por Salmerón. El Alavés debió así conformarse con un punto y el alivio anímico de abandonar las cuatro últimas plazas.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com
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