El Alavés perpetra otro desatino |
El estreno de José María Salmerón en el banquillo acaba con la quinta derrota consecutiva fuera tras una pésima primera parte de un equipo muy blando
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CANAL MENDIZORROZA. Edu Alonso empuja a Aganzo para que salga del campo tras ser expulsado. /El Correo
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Más que jugar, el Alavés perpetra desde hace meses partidos a domicilio y en el pecado lleva la penitencia de rodar sin freno hacia los temidos puestos de descenso a Segunda B. Ni la llegada de José María Salmerón al banquillo albiazul y la teórica dosis de motivación para los futbolistas lograron ayer lavar la cara de un equipo albiazul embadurnado de mediocridad y con unas legañas defensivas que le nublan la posibilidad de otear cualquier resultado positivo lejos de Mendizorroza.
Ante una situación de máxima exigencia, el equipo vitoriano se despachó con 45 minutos iniciales sin perdón posible y otros 45 de estéril voluntarismo. Para concluir en Tenerife con la quinta derrota consecutiva en los desplazamientos y ese aire desquiciado que David Aganzo encarnó con la expulsión final y que deja por delante un peligrosísimo camino de espinas de cara a las quince jornadas finales del campeonato. Aunque sea difícil tras partidos como el del Heliodoro Rodríguez López, será necesario recomponerse y tomar bicarbonato para digerir el 1-0.
El Alavés salió con intenciones de golpear, amenazó con un disparo de Stevanovic, pero bajó la guardia de inmediato. El regreso de Bernardo a la portería después de cuatro partidos de Ardouin bajo los palos y la entrada del esloveno en la banda derecha fueron las grandes novedades del once inicial alavesista. Claro que a Salmerón le queda trabajo a destajo si quiere, como ha intentado en los entrenamientos de estos días, convertir a este conjunto en un grupo solvente.
El Tenerife desayunó con un balón al palo de Nino, se comió al Alavés en una acción a balón parado, merendó un disparo ajustado de Óscar Pérez y cenó con un mal control de Nino tras una cesión suicida de Nacho Garro.
Por fortuna, del banquete isleño en la primera media hora de juego salió el equipo albiazul todavía con opciones, aunque también con la sensación de ser un merengue defensivo.
Sin respuesta
El 4-4-1-1 ó 4-2-3-1 -Stevanovic y Mena actuaban casi en línea con Sergio Rodríguez y quedaban los tres casi siempre en tierra de nadie- se convirtió en un queso gruyere ante un Tenerife mejor posicionado, más agresivo y con superioridad y toque para armar su fútbol en el centro del campo. Sin grandes alardes, pero con el motor revolucionado, la defensa adelantada y exceso de celo -permitido por el árbitro- que achicó al Alavés. Por la banda izquierda, por el centro, en cualquier pelota al área... Subía la marea y el cuadro vitoriano se mojaba sin remedio.
Diez minutos
Apenas diez minutos existió el Alavés en ataque. Bernardo salvó el 2-0 en otro arranque somnoliento en la segunda mitad, pero el cuadro vitoriano atisbó una vía ofensiva. Con un contragolpe que culminó Mena con un zurdazo elevado y otro balón largo que Aganzo -cosido a faltas por Juanma- se dejó escapar.
Salmerón recurrió a Coromina para cerrar la autopista por la banda izquierda y rescató después a Miguel Pérez y Jairo. La animosidad albiazul apenas dio para acumular acciones a balón parado que Sergio desperdició en una tarde de nefastos golpeos. Poco más, casi nada en realidad, ante un adversario que, falto de oxígeno tras una primera parte pletórica en el desgaste y la agresividad, se parapetó a la espera de noticias alavesistas.
Pero no llegaron ni cuando un desdibujado Sergio bajó a ocupar la posición de Lacen y el Alavés trató de afilarse con Mena, Jairo y Miguel Pérez por detrás de David Aganzo. El madrileño, en una batalla perdida de antemano con el árbitro, se inmoló a dos minutos del final del encuentro, y el Alavés salió cabizbajo, obligado a otro examen de conciencia y a tratar de cambiar su desfigurada imagen. 0 1
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