El Alavés hace mal negocio |
Con 1-1 y superioridad numérica durante más de media hora, deja pasar su ocasión y sólo puede empatar tras acabar desquiciado por el árbitro y con nueve jugadores
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CANAL MENDIZORROZA. Gaspar intenta ganar la posición en un saque de esquina. /El Correo
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Volvió a hacer mal negocio el Alavés, que evitó ayer las posiciones de descenso en el descuento del partido de El Ejido, pero tomó el camino del vestuario rumiando su incapacidad para resolver ante el Granada 74 en condiciones ventajosas. Con 1-1 en el marcador, tras el penalti marcado por Aganzo que supuso también la expulsión de Fagoaga y 40 minutos por delante, chocó primero con su falta de puntería. Después se estrelló frente a un pésimo árbitro dedicado sin explicación a compensar, incluido un penalti por presunto agarrón, y finalmente rebotó en infantilidad de Gabri, que entre protestas devolvió la igualdad numérica al juego y concedió al equipo andaluz diez minutos finales de tregua que debieron ser de continuas hostilidades. De batirse por una victoria imprescindible y que se escapó para convertir el duelo en Tenerife en la primera final a domicilio.
En el inicio de la etapa post-Uribe, tras una semana complicada para la plantilla y con la interinidad de Julio Bañuelos en el banquillo, el Alavés aportó, con fases de desorientación y otras plenas de coraje, muy pocas novedades. Tanto en la alineación -Mena fue la única cara nueva en sustitución de Gabri- como en sus prestaciones. Aunque le perdió de nuevo, como en otras oportunidades, su mala gestión de las acciones definitivas. Sin llegar casi a puerta marcó el Granada 74 su primer gol, en otra concesión defensiva. Después, tras el empate de Aganzo, sus momentos de empuje y fútbol se saldaron sin botín. En una categoría donde evitar y aprovechar errores, salvo excepciones contadas, es la eterna condena de los modestos, al cuadro vitoriano siguen sin cuadrarle las cuentas. Los números, más allá de la clasificación, siguen siendo rojos.
Y es que de la montaña rusa de emociones en que viajó la segunda parte se bajó el Alavés mareado. Aturdido por dejar pasar una oportunidad inmejorable para mantener la solidez exigida en Mendizorroza. Si a ello se une que en la primera mitad la escuadra alavesista, nerviosa tras el 0-1 y con sensaciones ya de angustia, sufrió al límite ante un Granada 74 con oficio y que se abonó a las pérdidas de tiempo ante la permisividad arbitral, el cuadro albiazul expresó ayer las mismas dudas de casi siempre. Y, por cuestiones disciplinarias, se ganó además una de esas semanas con problemas para confeccionar la convocatoria.
Gol, lesión y nervios
El Alavés había entrado en el campo congelado y lo pagó pronto. En una de esas jugadas con poco que contar, el Granada 74 se llevó dos balones por arriba y por el centro para presentarse en el área. Luque envió al palo y Elvis, tras un rebote en Ángel, colocó el partido boca abajo. La jugada, que también incluyó la lesión de Mateo, dejó prácticamente 'groggy' a la escuadra albiazul, que recompuso sus líneas con la entrada de Garro y el regreso de Gaspar a la posición de central.
En desventaja y con toda la presión del mundo, llegó un lento despertar. Con bostezos permanentes en la circulación del balón, nulas apariciones de los mediapuntas Toni Moral, Sergio y Mena -el equipo apareció en esa fase con un 4-1-4-1-, pero con un principio de coraje que poco a poco sirvió para encajonar a un adversario rocoso. A base de balones parados -Toni estrelló el balón en el larguero en una falta- se atisbó una reacción que llegó más tarde.
Expulsión y empate
El partido se abrió con un machetazo. Balón al área, toque de Aganzo y Sergio -que esta vez sí acompañó- fue derribado por Fagoaga. Y empezó la sobreactuación del colegiado. Se retiraba Martínez Franco con tranquilidad, hasta que las protestas albiazules acabaron con la justa expulsión del central. Sin embargo, ahí pareció gestarse una especie de mala conciencia en el colegiado murciano. A partir de entonces y en un festival desmedido acumuló diez tarjetas amarillas más, al margen de las autoexpulsiones de Gabri y de Toni Moral, y de obligar a Aganzo a repetir el penalti. De nota.
Aún así y con otro penalti en área propia a cargo de Martínez Franco que mediatizó el partido, el Alavés pecó de ingenuidad. La entrada de Raúl Sánchez -con gol incluido- aportó llegada y ocasiones. Sin embargo, se quedó corta para las aspiraciones albiazules, truncadas en los instantes finales. Fuera del descenso sigue el equipo albiazul, pero, sin duda, en peores condiciones que la pasada semana.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com
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