El Alavés se queda en nada |
Un error de Ardouin acaba con el equilibrio inicial y da paso a un ejercicio de vulgaridad albiazul que se salda con el regreso a la angustia clasificatoria
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CANAL MENDIZORROZA. Pablo Casar se lamenta tras fallar en una de las escasas ocaciones que tuvieron los vitorianos para marcar. /El Correo
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En un mayúsculo ejercicio de vulgaridad, aderezado con un regalo de Ardouin y un rocambolesco segundo tanto en propia puerta, se sumió ayer el Alavés para quebrar de nuevo la ilusión del despegue clasificatorio y elevar otra semana de plegarias a 'San Mendizorroza'. De todos los colores han existido las derrotas a domicilio en esta temporada -ocho en doce partidos-, pero la paleta albiazul pareció ayer esmerarse para mezclar infinitas tonalidades de gris hasta alumbrar uno plomizo, denso y desquiciante. Analgésico puro para el Cádiz, que se presentaba con la maleta de las dudas y apenas necesitó tirar de inercia para llevarse una de esas victorias que, por extrema comodidad, chirrían con la categoría y sólo hablan de las concesiones de un adversario superado.
Soplaba con fuerza el viento de levante y la lluvia convertía cada bote en el césped en un balón disparado hacia las vallas publicitarias. En estas condiciones y con dos equipos afanados en alejar la pelota de su portería, todo apuntaba a que el partido -ya pleno de imprecisiones y desmedido homenaje al bostezo- se abriría más por circunstancias que por méritos. Y aunque el Cádiz superó la indigestión inicial ante un Alavés bien plantado y comenzó a jugar poco a poco en campo contrario, el tanto apareció por el cielo. Con nieve bajaba un balón colgado desde la izquierda por Gustavo López. El viento sostuvo la pelota en el aire y Ardouin falló. Natalio, ayer pesadilla alavesista, sólo necesitó colocar la cabeza para marcar.
Jairo, Sergio y Toni
De nuevo a contracorriente y con el motor averiado. Uribe había planteado en esta ocasión un once que parecía aunar todas las condiciones para crear peligro. Con la entrada de Jairo -actuó por la izquierda- por Gabri, el regreso de Sergio Rodríguez a la mediapunta y Toni Moral en la derecha. Uno por uno el técnico acabó por enviarlos a la ducha ante la evidencia de que nada aportaban. Por ahí, por el centro del campo, se ahogó el Alavés casi siempre. Si Lacen, sobre todo en la segunda parte, volvió a sostener esa parcela a base de potencia, poco más se pudo observar. Fleurquín y Diego Rivas blindaron el pivote gaditano. Ni una conexión veloz o precisa existió entre líneas para el cuadro vitoriano. Aganzo volvía a naufragar sin la más mínima ayuda.
El Alavés hizo una ocasión clara en todo el partido -cabezazo de Casar tras una falta de Sergio que rozó el 1-1- y realizó su primer disparo a puerta en el minuto 68, a cargo de Gaspar y desde más allá de 30 metros. Y en su tímido intento de reacción -primeros minutos de la segunda parte- llegó el segundo mazazo. Con el equipo completamente descolocado, Ángel se quedó con dos rivales. Bangoura se fue al suelo ante la salida de Ardouin, pero frente al acoso de Natalio, Ángel despejó, el balón rebotó en Lacen y acabó en el 2-0.
Sin respuesta
El hundimiento, al menos futbolístico, resultó absoluto. Ni el intento con Gabri y Raúl Sánchez alteró el guión de un encuentro que transcurría en una desesperante calma amarilla. Replegado el Cádiz y a la espera del contragolpe; obtuso el Alavés, que buscaba las salidas de los laterales y topaba con un muro inabordable.
La escuadra gaditana, con menos goles en contra que partidos disputados, hacía honor a la estadística. El Alavés, que caminaba sin vuelta atrás hacia la cuarta derrota consecutiva lejos de Mendizorroza, también rememoraba sus carencias. Sin la más mínima aportación individual destacada cerca del área, resultaba extremadamente previsible, lento e impreciso. Minuto a minuto se fue quedando en nada. Hasta convertirse en eso. Nada.
Con los adversarios directos de nuevo en la nuca, la escuadra alavesista se apresta a otra semana de penitencia para recibir al Granada 74. También a la incómoda realidad que parece apuntar hacia un sufrimiento extremo durante los próximos meses. 0 2
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