Explosión en el descuento |
Un golazo de falta de Toni Moral propicia la merecida victoria de un encorajinado Alavés, que sólo acertó al final
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CANAL MENDIZORROZA. David Aganzo controla el balón ante un delantero del Sevilla. /El Correo
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Y explotó Mendizorroza en el descuento sacudido hasta los cimientos por la traca festiva que prendió Toni Moral. Después de 91 largos minutos de alternativas en el juego, asedio y sudor, grandes dosis de sudor, una potente descarga de adrenalina en forma de precisa falta directa propició la comunión albiazul. Festejo grande en la grada, celebración espectacular sobre el césped de un equipo encorajinado que más allá de su desempeño futbolístico dejó en el campo un reguero de esfuerzo para salvar una situación comprometida. Al límite de sus fuerzas, el Alavés acabó con la pésima racha de 2008, asomó de nuevo la cabeza en la espinosa clasificación y permitió el alivio de un Josu Uribe que afrontaba este encuentro como una final, al igual que sucedió ante el Eibar en la primera vuelta.
El contexto era de alto riesgo para los intereses albiazules. A la exigencia de ganar para eludir las posiciones de descenso se unía la visita de un equipo alegre y rocoso que, enrocado en su suficiencia clasificatoria y en la imposibilidad de ascender, afronta cada encuentro como una oportunidad para demostrar su dimensión. Al Alavés, que aportaba de entrada el cambio de sistema y la incorporación de Jairo al once, le quedaba la tarea más ingrata. Someter a un adversario de trato delicado con el balón y sin grandes fisuras.
Ocasiones para ambos
El cuadro albiazul, con menos elaboración sin Sergio Rodríguez en el césped, comenzó por la brava. Jairo se unía a Aganzo en ataque mientras Gabri y Toni Moral trataban de alcanzar alguno de los balones largos que proponía el Alavés. El todoterreno Lacen -qué despliegue el suyo- y Gaspar, en la improvisada situación de pivote, peleaban de lo lindo por sostener el esqueleto del equipo. El 4-2-3-1 ofrecía también un once con más salida por las bandas gracias a las incorporaciones de Edu Alonso y también de Ángel.
Pero el Sevilla Atlético amenazaba desde su 4-1-4-1 flexible al que agregaba un manejo del balón y de los espacios notable. Tocaban y tocaban, cambiaban de orientación sin excesivo desgaste mientras el Alavés llegaba al límite del cuentakilómetros para lograr cada recuperación. De esta toma de posiciones nació una primera mitad espesa pero pródiga en ocasiones.
El intercambio de golpes, que no causó heridos, se concentró en pocos minutos: Gaspar al larguero y Salva Sevilla al palo; Gabri al aire y Salva Sevilla a las manos de Ardouin. Alfaro, al lateral de la red. De un esquema alavesista con mayor ambición ofensiva nació en realidad un partido más abierto de lo habitual en Mendizorroza. Con alguna gotera defensiva al prescindir del tercer pivote, pero también con más ayudas sobre Aganzo.
Control y gol salvador
Aunque el desgaste del Alavés colocaba en duda la respuesta física del grupo, el equipo logró rehacerse tras el descanso hasta lograr un control prácticamente absoluto. Hiperactivo y con precisión de nuevo Lacen, el francés comenzó a barrer el centro del campo y a apoyar el ataque. De esta intensidad nacieron las primeras ocasiones. Aganzo no llegó al primer centro y el segundo balón interior lo salvó un defensa bajo los palos. Más allá de que ayer no fue la tarde del madrileño en cuanto a puntería, su partido resultó colosal. Con el trabajo del más modesto y detalles de su gran calidad llegó a rematarlo todo y sólo un defensa volvió a impedir su gol.
Había regresado para entonces Sergio Rodríguez al equipo para tratar de organizar y Uribe apostó después por Raúl Sánchez y Miguel Pérez. Y aunque el triunfo parecía escaparse, el Alavés funcionó siempre como un equipo. Con la defensa atenta a los contragolpes y cada jugador dipuesto a ayudar. El Sevilla Atlético quedaba ya prácticamente difuminado y a la espera de que el pitido final le diera un punto con el que jugó en la segunda parte hasta perderlo.
Fue prácticamente en la última acción del partido. La que sirvió para la rehabilitación de un Toni Moral que ha perdido la frescura del 2007, pero que acabó por decidir en un golpeo de excelsa calidad. Prácticamente diez metros fuera del área y tras consultar con Aganzo y Sergio Rodríguez, convenció a sus compañeros y lanzó. La 'comba' superó a la barrera, al guardameta Javi Varas y también a la angustia albiazul, que se alejó de Mendizorroza.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com
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