El Alavés pierde claridad |
Desperdicia sus ocasiones en un partido donde sólo apretó al final y cede el empate ante un Xerez que supo trabar el juego
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F. RUIZ DE ESQUIDE
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CANAL MENDIZORROZA. Gaspar se anticipa al delantero Yordi. / FOTOS: I. AIZPURU, N.GONZÁLEZ Y J. ANDRADE
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Hay partidos exuberantes como el celebrado la pasada semana en Elche y otros, como el de ayer frente al Xerez, que atienden con fidelidad al canon de Segunda: bien disputados y mal jugados. Cuando se trata de eso, de perseverar y casi embestir en lugar de atacar, casi todo queda reducido a la claridad, a la eficacia o al chispazo individual, a la fortuna en última instancia. De ninguna de estas cualidades se adornó el Alavés, casi siempre trompicado y apenas superior en el cuarto de hora final, cuando realmente optó por arriesgar. Y ese voluntarismo estéril deparó un gris empate, quizás corto por los méritos generales, pero que condena al cuadro vitoriano a un nuevo intento frustrado por acomodarse en la clasificación.
Para el conjunto alavesista la ausencia de Toni Moral resultó excesiva. Con el primer generador de juego albiazul sancionado, el Xerez se dedicó con aplicación a cortar la corriente del segundo, Sergio Rodríguez, casi siempre encimado por Luque. Y los caminos secundarios resultaron inhóspitos. El centro del campo albiazul no logró imponerse en esta oportunidad con la rotundidad de otras ocasiones; las recuperaciones en terreno rival resultaron escasas y también las incorporaciones de los laterales. Cortos de espacios ante la abundancia de adversarios, ni Gabri ni Mena enlazaron con precisión. Sin continuidad, el Alavés buscaba un incidente aislado que le sacara del atasco.
Escaso ritmo
El partido transcurría con excesiva placidez para un Xerez que llegaba en puestos de descenso y sin demasiadas ambiciones. Si su salida de balón era más pulcra que la albiazul, menos atropellada, su fútbol moría en tres cuartos de campo, a excepción de algunas acciones aisladas por la banda izquierda, y el balón parado, donde Yordi hizo un gol anulado. A cambio, trababan los andaluces el juego con rapidez. Sin conceder el mínimo atisbo de ritmo y sometiendo al partido a una lenta cadencia que perjudicaba a los albiazules. 26 faltas entre ambos equipos en la primera mitad. El volcánico Alavés de la pasada semana humeaba bajo el agua adversaria.
'Medio-ocasiones' resultaron las albiazules durante esta fase, con más acercamientos que remates peligrosos. Hasta que apareció Mena, el futbolista al que Josu Uribe había arengado en la previa del encuentro, apelando a su capacidad técnica. Soltó el toledano un tremendo zapatazo al palo de Porato. Antes y después, sus irrupciones en el partido resultaron casi intrascendentes. Mena es dinamita que puede explotar en campo propio o ajeno. Irregular por definición.
Triple cambio
El duelo lo animaba en demasiadas ocasiones Caballero Herreros, árbitro que confundió dejar jugar con dejar hacer. Se desentendió de casi todo el riojano y también de un claro codazo sobre Raúl Sánchez por parte de Verdés. Tampoco atendió al final la solicitud de penalti por parte de Sergio Rodríguez, aunque sobre el campo el centrocampista albiazul pareció sobreactuar.
El Alavés mantenía tras el descanso su tímido control territorial, aferrado a la insistencia, con la intención de aprovechar un despiste o hilvanar por fin una acción definitiva. Aunque sólo fue con el tardío triple cambio -entraron Samuel, Igor y Wellington a falta de un cuarto de hora- cuando el conjunto albiazul se decidió por soltar amarras. Ángel acompañaba ya con frecuencia por la banda izquierda, el Xerez se arrugaba y aparecieron las oportunidades.
Tampoco la determinación de los últimos minutos logró ayer amortizar el Alavés, que pagaba los intereses de su excesiva tranquilidad anterior. Entre las acciones a balón parado y un par de llegadas profundas por las bandas, Porato -siempre acertado- comenzó a sufrir. Resultaron instantes de esperanza. Samuel y Wellington no llegaron a un centro de Sergio con sello de gol. Y el duelo agonizó -entre peticiones de penalti- con la sensación de que el Alavés había desperdiciado demasiados minutos.
Doloroso empate, en definitiva, que priva de nuevo al conjunto vitoriano de tomar oxígeno y de alejar a un adversario directo. También certeza de la necesidad de Toni Moral y Aganzo para afilar el perfil albiazul. Y a la vista otro duelo de alto voltaje en Albacete. El Alavés continúa sin el más mínimo margen.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com
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